Cuba/Historia & Antrología

Los Cimarrones

Muchos afrodescendientes se avergüenzan de sus raíces porque piensan que sus ancestros se dejaron ganar fácil, que durante el período de esclavitud los africanos fueron elegidos por ser débiles o mansos, y este pensamiento refleja la ignorancia a la que hemos sido sometidos, pues los libros de historia carecen de una versión clara de lo sucedido.

Sin embargo, como comenta el escritor Efraín Aldana, los afrodescendientes somos herencia de una raza noble, guerrera, de resistencia indomable, con un cimarronaje del alma, que nos permite subsistir en medio de tantos atropellos inhumanos, crueles, que constituyen un crimen de “lesa humanidad”.

La resistencia a la esclavitud de la gente africana y de sus descendientes fue constante durante todo el periodo colonial. Formas pasivas, como el desgano en el trabajo, la destrucción de los instrumentos de labor y la desobediencia colectiva, fueron algunas de sus expresiones. A éstas se sumaron otras, activas, como la rebelión y el enfrentamiento. Todas las formas de resistencia contra la esclavitud y la discriminación se denominaron como cimarronaje.

Las expresiones del cimarronaje se conocen con el nombre de cabildos. Estos eran asociaciones de personas procedentes de un mismo lugar en África, que compartían una historia similar.

Sus miembros se reunían con frecuencia para realizar bailes, toques de tambor y cantos en los días de fiesta. Los cabildos también se desempeñaban como sociedades de socorro: reunían fondos para resolver las necesidades de sus miembros y auxiliaban a los recién llegados de África. En Cartagena de Indias fueron famosos los cabildos Arará y Mina hasta que, en el siglo XVIII, sus casas fueron cerradas por las autoridades. Esta actitud represiva del gobierno español se debió a que las actividades que allí se realizaban les permitían a los africanos recordar sus costumbres, consideradas en contra de la religión católica. La gente de una misma cultura recurría a sabidurías propias, decisiones y acciones para aliviar sus penas, curar sus dolencias e idear estrategias para recuperar la libertad.

Los palenques, sin embargo, albergaban gentes de diversos orígenes africanos. El liderazgo político, militar y religioso fue una constante en este tipo de sociedades guerreras organizadas por grupos de edad, es decir, mediante un sistema que segmentaba a sus miembros según su edad y sexo. Esta forma de articular a la colectividad era una respuesta táctica a la necesidad de mantener en pie de guerra partidas de soldados dispuestos a defender el palenque.
Estas comunidades agrícolas se ubicaron en sitios de difícil acceso protegidos por fortificaciones en forma de empalizadas y fosos escondidos, y defendidos por gente equipada con arcos, flechas y armas de fuego. En los reportes del gobernador de Cartagena, Gerónimo de Suazo, se menciona que cuando los soldados españoles lograban hallarlos para destruirlos, se encontraban con aldeas bien dispuestas en las que predominaban cultivos de maíz, gallinas y yuca.

Hubo este tipo de organizaciones en todas las colonias, tanto españolas como portuguesas, en América Latina. Los quilombos, mambices, cumbes, ladeiras, etc., fueron otras denominaciones adoptadas por los negros rebeldes. El más famoso palenque del colonialismo en América Latina fue el Quilombo de los Palmares, en el Brasil (colonia portuguesa). Tenía una población de más o menos, 15.000 negros esclavos rebeldes y se mantuvo durante casi todo el siglo XVII. Las tropas reales portuguesas usaron 6.000 soldados y les tomó 2 años rendirla. Incluso en muchos de esos palenques, existieron reyes negros. Por ejemplo Benkos Biohó, el Rey de Arcabuco, cerca de Cartagena de Indias, en Colombia. En Venezuela fue famoso el Rey Miguel. En Panamá, el Rey Bayano. En el Virreinato del Perú, hubo en Huaura un rey cimarrón, a mediados del siglo XVI. El virrey de la época envió una tropilla de 120 soldados españoles, que incursionaron violentamente en el palenque, matando a todos sus integrantes.

La resistencia también se dio en el ámbito de las creencias y del lenguaje. La espiritualidad de la gente del África, su interpretación del cristianismo, la pervivencia de ancestrales saberes y técnicas botánicas y médicas continuaron activas en la Nueva Granada. Las llamadas curandería, brujería y hechicería eran en realidad prácticas que tenían que ver con métodos curativos africanos que circulaban en todas las ciudades del territorio español, donde no sólo se hablaban lenguas africanas, indígenas y europeas, pues ya habían nacido las lenguas criollas, que combinaban herencias de origen africano con aportes del español y el inglés.

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