Otros Autores

Cuentos Tradicionales

Inauguramos hoy la etiqueta “Otros Autores” con este estupendo artículo que contiene algunos cuentos míticos congos. Esta etiqueta de “Otros Autores” de ningún modo pretende ser una apología al plagio, por el contrario las contadas veces que sea utilizada, y siempre en medida de lo posible, se mencionará claramente el nombre del autor original. También será el espacio donde colocaremos cualquier aportación, que a modo de artículo, decidáis aportar: Ver más información.

El rey del país bajo tierra

Un hombre fue a su hermano a pedir prestada un hacha. Su hermano le dijo: “Con mucho gusto pero no la rompa ni la pierda”. El hombre prometió que no lo haría, y fue al bosque para cortar un árbol. Pegó tres veces en el tronco con el hacha de su hermano; la hoja se rompió y se deslizó por un agujero en la tierra. El joven se arrodilló y miró furtivamente en el boquete, pero no vio nada. Colocó un pie en el hueco pero no sintió ningún fondo. Metió su pierna entera, y de repente se hundió y desapareció en los intestinos de la tierra.

Allá en el interior encontró un camino. Viajó a lo largo de él hasta llegar a un pueblo. En ese lugar estaba el palacio del rey de toda la comarca. Cuando el hombre joven llamó a la verja de un enorme palacio, que era el palacio del Rey, fue recibido por un visir, y lo llevó a la presencia de otras altas autoridades, éstas lo interrogaron sobre su presencia en ese lugar, él contestó con ingenuidad y temor que había perdido la hoja del hacha de su hermano. Los delegados del rey le dijeron: “Espera aquí”

Llegaron a la estancia del rey y le informaron sobre el visitante. El monarca decidió convertirlo en su invitado y verlo al día siguiente. El más alto visir regresó a ver al joven hombre y lo condujo a la casa de los invitados, le ofrecieron una comida excelente y la comodidad de cama suave. Al otro día el muchacho se presentó ante el trono del rey e inmediatamente le presentaron, para que tomara asiento, el taburete de los invitados de honor. De pronto el joven observó que los ojos del Rey de las profundidades de la Tierra, eran rojos, rojos, rojos, brillaban como las estrellas, como el fuego chispeante, entonces, un terror invadió su alma y su cuerpo.

Pero el visir y sus colegas lo tranquilizaron diciéndole: “No tema, mañana usted irá a casa con el hacha de su hermano”. A la siguiente mañana le dieron una vaca, cuatro cabras, y el hacha de su hermano que habían encontrado unos servidores del Rey del país de las profundidades de la tierra. Lo despidieron con la siguiente recomendación: “Recuerde que usted nunca debe decir lo que a visto aquí a ninguna persona, si usted lo hace, morirá en el acto”.

Al joven hombre le mostraron el camino de salida de ese país subterráneo, y fue llevado por una cueva sobre las piedras. De pronto él supo que estaba cercano su pueblo. Condujo la vaca y las cabras a su casa y devolvió el hacha a su hermano. Desde ese tiempo ellos vivieron en paz.

El fondo del lago

En los días de esta historia, Anguza era todavía un hombre joven. Un día él salió a pescar al lago en su barco. Remó y remó hasta que estuvo lejos de la orilla, porque le habían dicho que los peces eran allí más grandes y más numerosos. De repente vio que las gotas de agua en su remo habían cambiado en perlas. Cada vez que él giraba la madera fuera del agua había un rocío de perlas brillantes. Juntó un poco de agua en su barco y las quedaban en el fondo. Miró con atención a agua y vio un pez blanco, grande que nadaba muy cerca de la superficie, vio que los peces eran tan grandes como las cabras; de hecho, se parecían a las cabras en todos los sentidos.

Saltó fuera del barco y se lanzó al lago. Nadó y nadó y nadó y nadó hasta que puso un pie en el fondo y vio el césped verde por todas partes. Y había las cabras,- ciento de ellas. Ellas
pertenecían al Dios del Lago Jokinam, quien avanzó a dar la bienvenida al terrícola joven.
El muchacho se transformó en el pastor de aquellos animales tan bonitos y Anguza cuidó las cabras del fondo del lago y vivió una vida buena, con lcarne suficiente para y leche para beber.

Un día le dijo al dios del lago: “Quiero ir a casa a ver a mi gente”
El dios Jokinam le respondió: “Como quieras, pero con una condición: si cuentas al pueblo en la tierra lo que has visto aquí en el fondo morirás en el acto“

El dios del lago lo devolvió a la superficie, hasta que viera su barco. El joven remó hasta la orilla escondió las perlas en una cueva y a nadie dijo lo que había visto. De vez en cuando viajaba a la ciudad para vender algunas de sus perlas a los joyeros, se volvió un hombre rico con muchas vacas. Se casó y tuvo muchos niños.

Un día, en una fiesta del pueblo bebió bastante alcohol hasta que se olvidó de sí mismo y empezó a alardear: “Yo estuve en el fondo del lago, yo he sido pastos de las cabras del dios Jokinam…” e inmediatamente cayó muerto, tan muerto como una piedra. Los superiores del pueblo consultaron el adivino con respecto a la muerte súbita de Anguza.

El dios del lago habló a través de la boca del adivino:
“Quienquiera que divulge los secretos del lago, se morirá. Anguza no mantuvo su promesa, y se murió. “

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