Mayombe

Aprendiendo a discriminar

La palabra “discriminar” suena como fea, al menos en mi caso siempre la he escuchado de manera peyorativa, como si únicamente describiese un ejercicio injusto y negativo. La mayoría de las veces muchas personas, y me incluyo, utilizamos palabras que no llegamos a comprender en toda su extensión. A veces pienso que un diccionario en cada casa sería la mejor solución, claro que siempre que lo utilizásemos.

Siguiendo este ejemplo he decidido tomar de la RAE la definición exacta de la palabra “discriminar“, veamos qué dice:

Discriminar

(Del lat. discrimināre)

1. tr. Seleccionar excluyendo.

2. tr. Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.

Terminada esta aclaración, acotando que nos referiremos a “discriminar” desde el punto número uno de su significado, comencemos a dar unas observaciones. La otra vez enfocamos el artículo hacia el ahijado, ahora lo haremos hacia el padrino. Por supuesto, como en la anterior ocasión, esto es simple y llanamente una reflexión que pretende ser compartida para que usted la medite, pero que de ningún modo pretende ser una autoridad moral o religiosa que deba aceptarse.

Principio de causa y efecto

No sé cuan a menudo nos detenemos a pensar en la ley de “causa y efecto“, me atrevería a afirmar que demasiado poco. Con “causa y efecto” no me refiero a la interpretación New Age de una mal comprendida enseñanza oriental, sino a la definición auténtica de estas tres palabras.

El principio de causa y efecto establece que nada ocurre de forma espontanea, sino que ocurre debido a una razón (o conjunto de razones) que ha dado como resultado ese suceso. Si yo fuese con mi auto por la carretera y tirase un cigarrillo prendido por la ventana, ese cigarrillo podría caer sobre la hierba (1 Causa), el viento lo movería (2 Causa), terminaría con tan mala fortuna en una zona demasiado seca y castigada por el sol (3 Causa), dando como origen un incendio que demorará en varios días para apagarse (Efecto). El incendio, por tanto, no ha sido un suceso espontáneo. De hecho yo podría no haber tenido la intención de provocarlo, es más, es posible que ni si quiera se me pasase por la cabeza que una acción tan banal pudiese causar tremendo problema. Sin embargo, no sucedió de manera espontanea, hubo una razón (o un cúmulo de razones) que dieron como resultado el incendio.

Es curioso ¿saben por qué? Porque ese efecto, a su vez se convierte en una causa que dará lugar a numerosos efectos, que a su vez serán causas de otros efectos. Por ejemplo, durante el incendio podría fallecer un funcionario mientras trataba de mitigar el fuego, lo que podría cambiar el transcurso de su familia de manera imprevisible. Por no hablar de que supone una causa para efectos de carácter económico y medioambiental de magnitudes difíciles de calcular.

¿Ha visto usted? ¡Todo por un colilla de cigarrillo!

Si todas las situaciones tienen sus causas ¿cuales son las causas que generan la situación que supone el mal estado de la religión? “¡Es el comercio, el maldito dinero!”, “¡La gente es muy mala!”, “¡Esto ocurre por iniciar a los blancos!” (aunque usted no se lo crea, he llegado a escuchar esto último). Es todo demasiado metafísico, razonamientos estériles que sólo demuestran una ausencia de reflexión. Así que voy a reflexionar una probable causa, y esto nos retrotrae al significado número uno de la palabra “discriminar” que nos ofrece la RAE.

Seleccionar excluyendo

A menudo se utiliza la (en mi opinión, demagoga) escusa de “mi Nganga lo autorizó” para conducir iniciaciones a personas que, definitivamente, mi mano jamás hubiese iniciado. Sé que usted podría contestarme que quién es usted, o yo mismo, para no iniciar a una persona cuya aceptación ha sido otorgada por la Nganga. Es lógico, pero también yo podría responder que entonces por qué en el pasado el Ngangulero era tan reservado para conducir una iniciación, observando muy de cerca al candidato y su trayectoria, su fama, y su forma de hacer. No digamos ya a la hora de hacer entrega de una Nganga, algo que no era demasiado frecuente, ni mucho menos sencillo de conseguir. Después de todo, muchos de esos Nganguleros de tiempos pasados fueron brillantes religiosos sin comparación con la gran mayoría de Nganguleros actuales ¿Por qué ellos sentían tanto escrúpulo, y nosotros no?

Sin duda, una importante dosis de la “causa” que origina el “efecto” que supone la salud actual de la religión, es la poca atención que muchas personas prestan a la hora de dar pase a iniciaciones a todo tipo de personas, y mucho más a la hora de hacer entregas de fundamentos demasiado prematuros. Claro que soy consciente de otro porcentaje de Nganguleros honorables que han sido corrompidos por el tiempo y las circunstancias, pero esto merece otro análisis aparte que tal vez algún día abordemos.

El Ngangulero debe de reflexionar qué clase de personas dejaría entrar en su casa, donde comparte con su esposa, sus hijos, tal vez con sus padres y hermanos ¿Dejaríamos entrar personas de dudoso valor? Seguramente, salvando casos más emparentados con la extravagancia que la lógica, la respuesta sería un rotundo no. Después, tenemos que entender que el Nzo Nganga no posee ninguna, y repito ninguna, diferencia con nuestro domicilio. Al igual que nuestro domicilio es un lugar donde hacemos intimidad, y donde conviven con nosotros elementos de vital importancia para nuestra vida y nuestro desarrollo. El Nzo Nganga debe de ser velado con tanto celo como el domicilio propio donde convivimos con nuestras esposas (o esposos, en el caso de las Yayi) y educamos a nuestros hijos.

Tenemos que entender que cuando iniciamos a una persona estamos sembrando en la religión, y definitivamente no podemos esperar que sembrando patatas en nuestro suelo, broten por arte magia las manzanas. Si deseamos manzanas, tenemos que sembrar un manzano, cuidarlo con paciencia, regar, arreglarlo, ayudar a su crecimiento y después disfrutar de sus frutos como recompensa. Pero desde luego eso no pasará ni sembrando patatas, ni tomates, ni cualquier otra cosa que no sean manzanas.

De un modo idéntico tenemos que escoger a las personas adecuadas, seleccionar excluyendo (a las inadecuadas), y ayudarlas a crecer con tiento y dedicación si queremos ver a esa persona convertida en un “manzano” que de frutos gustosos y pueda llevar con relativo éxito la insignia de nuestra religión en su vida, obrando a su vez de forma idéntica para que a su vez (causa y efecto, efecto como causa de otro efecto) broten de ella otros sanos manzanos.

Si aquí, allí, allá y allí también, por el contrario, iniciamos indiscriminadamente a todo tipo de personas sin el mayor escrúpulo ¿Que nos ofrece globalmente el transcurrir de 20 o 30 años? Más o menos, lo que tenemos ahora. Ha sido responsabilidad de todos, evitemos buscar culpables concretos, y es también responsabilidad de todos virar el volante y tomar otra carretera.

La capacidad rehabilitadora de la religión

Sé perfectamente que esta religión tiene en su seno un tremendo poder rehabilitador, y no lo sé de forma teórica e indirecta, sino que por el contrario lo sé de manera vivencial y testimonial. He visto a esta religión cambiar drasticamente caminos auto-torcidos. De hecho lo he visto en más de una ocasión. Sin embargo, precisamente por este motivo también he podido ver las dos condiciones incuestionables que se han tenido que dar para activar ese poder rehabilitador.

  1. La probada voluntad férrea de sufrir ese cambio. Una voluntad que ha de ser probada antes de otorgar jerarquías exageradas, innecesarias e inmerecidas, que a menudo responden únicamente a un interés económico del iniciador. 
  2. El prolongado cuidado del padrino y el continuo seguimiento de la evolución del ahijado. Muy pocos procesos concluyen al acto posterior de comenzar, frecuentemente son frutos de una gradual evolución. El ahijado necesita ser sometido a un seguimiento en su evolución que permite correcciones a tiempo y matices que fijen ese desarrollo. Si no tienes tiempo para “tanto trabajo” ¿para qué lo vas a iniciar?

El Tata Nkisi debe de poseer la suficiente experiencia como para que el proceso de discriminación se centre en el primer significado que nos ofrece la RAE, y no en el segundo. Sabiendo apreciar aquellas piedras de oro embarradas, que necesitan ser limpiadas para ser oro, de aquellas que son piedra o, peor aún, aquellas piedras de pirita que brillan con pomposidad siendo en su naturaleza un falso oro que terminará por desengañar a cuales quiera se pongan en contacto con él.

Personas que quieren montar negocio (ahorrándose el trabajo honrado, enmascarado su condición claramente lumpen), personas que desean aprender a hacer “brujerías” para propósitos cada cual menos ético que el anterior, personas con expectativas delictivas de diversa naturaleza, y el subsiguiente interminable “etc” ¿Qué están haciendo siendo rayadas? ¿Por qué les dejamos penetrar en nuestro hogar?

Sí, hay personas que han de dedicarse a la religión por una cuestión de su Nzila. Soy consciente. Tan consciente como que no son ni una cuarta parte de las que, a fecha de hoy, han dicho o dicen (y dirán) tener esa obligación. Seamos sinceros.

Esto me lleva a reflexionar lo curioso del transcurrir de los tiempos. Antes las fuerzas con las que el Ngangulero permanentemente se relaciona, bastaban y sobraban para que ese Ngangulero no pasase necesidad. De una manera idéntica, Bakulu e Nkisi sabían traer a aquellas pocas personas que, siendo merecedoras de la iniciación, pudieran orbitar en el camino de ese Ngangulero. Hoy, tristemente, el Ngangulero vive del ahijado y vive del cliente y, a menudo de manera irrisoria y surreal, relaciona la cuantía de clientes o ahijados a la voluntad del Nkisi o Nganga.

Rayamiento, la panacea 

Con este punto concluimos por hoy.

Ahora parece que absolutamente todo se resuelve con un rayamiento, es asombroso. Da igual si estás enfermo, si eres víctima de algún trabajo oscuro, si posees un número elevado de enemigos o dificultades de diversa naturaleza, ahora todo lo soluciona un rayamiento. Como usted intuirá esta (falsa) panacea es una de las grandes puertas de las semillas equivocadas a las que hacemos mención más arriba.

La realidad es que esta religión mantiene un profundo conocimiento, creo que ignorado por muchos y seguramente en algunos aspectos ignorado también por el que escribe (todos vivimos aprendiendo, después de todo). Todos hablan de sus Ngangas, las proezas de las mismas, su capacidad para combatir enemigos y dificultades, su capacidad para poner remedio a enfermedades o problemas de múltiples naturalezas. Paradojicamente, llegas con algo así arriba de la Nganga de uno de estos religiosos y el resultado es eventualmente; “tienes que rayarte“.

La realidad es que el Palo Mayombe es profundo, complejo y resuelto. La realidad es que un Tata Nkisi si tiene la facultad de conducir un rayamiento, tiene que tener la obligación de saber abordar un sinfín de situaciones prescindiendo del mismo, y con un verdadero efecto resolutivo. El rayamiento no es ningún ceremonial para resolver vidas, es la iniciación adentro de una religión cuyos beneficios son únicamente consecuencias externas del hecho en sí de formar parte de la religión y los procesos (tangibles e intangibles) que operan sobre el Nguello desde el momento en el que jura en Nkisi.

Un médico no puede mandar a operar a todo paciente, indiscriminadamente, y sin importar la dolencia con la que ese paciente le llega. Si usted no sabe manejar una situación y recurre al rayamiento, usted debería de reflexionar qué cosa es un Tata Nkisi y si su nivel de conocimiento representa auténtica y genuinamente esa jerarquía, hasta el punto de permitirse iniciar a otro.

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2 pensamientos en “Aprendiendo a discriminar

  1. Hay tantas personas rayadas que nunca tuvieron que ser rayadas, es cierto.
    Tanto hacer asi en tantos paises y se acumulan todos estos problemas que nos adolecen ahorita.

    Figurate que hasta en Cuba esta pasando y hay quien recibe prenda como por guapear. Pero lo peor no es esto, esto no es lo mas grae. Lo grave es que haya Tatas que se presten a estos ntufos.

    Estoy de acuerdo con este articulo y me gustaria compartir, tengo su permiso??

    Maleko nsala

  2. Gracias por sus observaciones, mpangui.
    Efectivamente, puede disponer de cuanto material guste, tal y como explica la sección de “LICENCIA DE AUTOR”. Únicamente debe de asegurarse de citar la fuente, y que el contenido no sea adulterado de manera alguna.

    Reciba un fraternal saludo.

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