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Material espírita: Clarividencia y Clauriaudiencia

Añadimos un trabajo realizado a través de extracciones de obras de ChicoXavier, del cual hace unas semanas hablábamos en este mismo espacio. En concreto de su obra “En los dominios de la mediumnidad” que, por cierto, aprovechamos a aconsejar a todos aquellos interesados en el estudio del espiritismo.

Esperamos que lo disfruten!

En la esfera de los Espíritus reencarnados hay que dosificar las percepciones para no violar las condiciones de orden. Cada ser debe estar en su orbita de servicio, haciendo lo mejor que esté a su alcance. Un médium, no debe preocuparse por responder a todas las interrogaciones del medio en que está, so pena de arrojar sus producciones al desequilibrio, excepto cuando, por su propia evolución, consiga elevarse por sobre el campo del trabajo dominando las influencias del medio y seleccionándolas, según el elevado criterio de que ya consigue orientarse por el bien y enseñar a aquellos que lo acompañan.

El limite de percepción varia en cada médium, hay diferentes expresiones de mediumnidad; con todo importa reconocer que cada Espíritu alcanzó un determinado grado de crecimiento espiritual, por lo cual los resultados del trabajo mediúmnico difieren de individuo a individuo, así como las interpretaciones de la vida son distintas de alma a alma. Las facultades medianimicas pueden ser idénticas en distintas personas, pero cada persona tiene su manera particular de emplearlas. El modelo puede ser el mismo para un grupo de pintores, sin embargo, cada artista lo fijará en la tela según su estilo y sentir. Mediumnidad es sintonía y filtración. Cada Espíritu vive entre las fuerzas con las cuales armoniza, transmitiéndolas según las concepciones que caracterizan su modo de ser.

Toda la percepción es mental. Sordos y ciegos en la experiencia física, convenientemente educados pueden oír y ver con recursos diferentes de aquellos que son vulgarmente utilizados. Las ondas Hertzianas y los rayos X van enseñando a los seres humanos que hay sonido y luz mucho más allá de las limitadas fronteras en las que ellos actúan, y el médium es un dotado de posibilidades neuropsíquicas especiales que amplían la captación de sus sentidos.

En el campo de las impresiones comunes, aunque la criatura emplee los oídos y los ojos, ella ve y oye con el cerebro; y pese a que el cerebro use las células de la corteza para seleccionar los sonidos y grabar las imágenes, quien ve y quien oye, en realidad es la mente. Todos los sentidos en la esfera fisiológica pertenecen al alma, que es la que los fija en el cuerpo carnal conforme a los principios establecidos para la evolución de los Espíritus reencarnados en la Tierra.

Una prueba de ello es en el sueño, cuando el ser se encuentra desdoblado por las noches, viendo y oyendo pese a la inactividad de los órganos carnales, en la experiencia que dominan “vida del sueño”

Somos receptores de una muy reducida capacidad, frente a las innumerables formas que nos llegan desde todos los dominios del Universo, captando solamente una humilde gama de las mismas. En síntesis, nuestra mente es un punto espiritual limitado que se desarrolla en base al conocimiento y el amor en la espiritualidad infinita y gloriosa de Dios.

Ideas elaboradas con fuerza generan formas dotadas de movimiento, sonido y color, perfectamente perceptibles por todos aquellos que se encuentran sintonizados con la onda que las expresan. Hay fenómenos de clarividencia y clariaudiencia que parten de la observación activa de los instrumentos mediumnicos que identifican la existencia de personas, paisajes y cosas exteriores, a ellos mismos, tal como acontece en la percepción terrestre común, y existen otros que tienen su causa en la sugestión que les es llevada por el pensamiento creador de los amigos desencarnados o encarnados, estímulos estos que la mente de cada médium traduce según sus propias posibilidades, favoreciendo con ello las más dispares interpretaciones.

Es la técnica utilizada por los obsesores cuando generan en sus victimas las más variadas impresiones alucinatorias…

En materia de mediumnidad no debemos olvidarnos del pensamiento. Nuestra alma vive donde está nuestro corazón. Caminamos al influjo de nuestras propias acciones, sea donde fuera.

La gravitación en el campo mental es tan efectiva como en la esfera de la experiencia física.

Sirviendo al progreso general, el alma se mueve en la gloria del bien. Encerrándose en el egoísmo se arrastra, en desequilibrio, por las tinieblas del mal.

La Ley Divina procura el bien para todos. Colaborar en la ejecución de sus sabios propósitos es iluminar la mente y clarificar la vida. Ponerle trabas con el pretexto de favorecer los caprichos perniciosos, es oscurecer el raciocinio y coagular las sombras alrededor de nosotros mismos.

Es indispensable enjuiciar todo lo que respecta a la orientación de nuestros propios pasos, a fin de evitar la niebla de la perturbación y el dolor angustioso del remordimiento.

En los dominios del espíritu no existe la neutralidad. Evolucionamos con la luz eterna, según los designios de Dios, o nos estancamos en las tinieblas conforme a la equivocada determinación de nuestro yo.

No vale encarnar o desencarnar solamente. Todos los días las formas se crean o se destruyen.

Lo que importa es la renovación interior con un crecimiento de la visión, a fin de seguir hacia delante con la verdadera noción de la eternidad en la que nos desplazamos en el tiempo.

La conciencia cargada de propósitos malignos, revestida de remordimientos, llena de ambiciones desvariadas o ennegrecida de aflicciones, no puede sino traer fuerzas semejantes que la encadenan a torbellinos infernales.

La obsesión es el resultado de la siniestra unión de la mente con el desequilibrio propio de las tinieblas.

Pensamos y damos vida al objeto idealizado.

La expresión visible de nuestros pensamientos más íntimos denuncia nuestra misma condición espiritual, y los que tienen afinidad con la naturaleza de nuestras inclinaciones y deseos se acercan a nosotros por lo que le dicen nuestros pensamientos.

Si persistimos en las esferas más bajas de la experiencia humana, los que aun cumplen sus jornadas en los grados de la animalidad se nos acercaran atraídos por el tipo de nuestros impulsos inferiores, absorbiendo a su vez las sustancias mentales que emitimos y proyectando sobre nosotros los elementos dañosos que llevan con ellos.

Imaginar es crear.

Y toda la creación tiene vida y movimiento que, aunque breves, otorgan responsabilidad a la conciencia que la manifiesta. Y como la vida y el movimiento se vinculan a los principios que rigen las relaciones, es indispensable analizar lo que damos, a fin de saber que es lo que vamos a recibir.

Quien solamente mentaliza angustia y crimen, miseria y perturbación, ¿podrá reflejar en el espejo de su propia alma otras imágenes que no sean la desarmonia y el sufrimiento?
Quien se demora indefinidamente en la medición del lodazal es propenso a ahogarse en el lodo.

Vigilemos el pensamiento purificándolo con la práctica incesante del bien, para que así arrojemos de nosotros los grilletes que nos amenazan para encadenarnos a los oscuros procesos de la vida inferior.

Por el pensamiento nos esclavizamos a los cepos del suplicio infernal, sentenciándonos, a veces, a siglos de peregrinación por los caminos del dolor y de la muerte.

La mediumnidad torturada es la unión de almas comprometidas en aflictivas pruebas para saldar antiguas deudas. Para abreviar el tormento que flagela de mil modos la conciencia encarnadas y desencarnadas, en los distintos grados expiatorios, es imprescindible proponerse la renovación mental, pues este es el único medio de recuperar la armonía.

Los títulos de fe no constituyen meras palabras con las que podamos cubrir nuestras deficiencias y debilidades. Expresan deberes de purificación a los que no podemos regir sin renunciar a las obligaciones que nos corresponden.

Nadie es realmente espirita ni está a la altura de este nombre solo por haber conseguido la cura de una dolencia rebelde con la ayuda de las Entidades amigas, y se convenza con ello, admitiendo la intervención del Mundo Espiritual en su existencia. Como tampoco nadie es médium, en el elevado concepto del término, solamente porque sea instrumento de comunicación entre las humanidades visible e invisible.

Para educarnos al trabajo que nos fue asignado, conforme a los principios superiores que iluminan nuestra marcha, es necesario concretizar la esencia de estos en nuestras realizaciones como testimonio de nuestra conversión al amor santificante.

El pensamiento es tan significativo en la mediumnidad, como importante es el lecho para el rió. Haced corred las aguas puras sobre un lecho de fango y tendréis una corriente oscura, adulterada.

Es cierto que divinos mensajes descienden del Cielo a la Tierra. Sin embargo, para que ello suceda es imperioso que existan canales adecuados.

Jesús espera para la formación de mensajeros humanos capaces de proyectar en el mundo las maravillas de su Reino.

El médium no debe detenerse en la simple reopción de comunicaciones. Le será indispensable la consagración de sus fuerzas a las más elevadas formas de vida, buscando la educación de si mismo y servir desinteresadamente al prójimo el material el material con el que construya su propio camino.

El conocimiento amplia el valor mental; y la siembra constante de bondad trae consigo la cosecha de simpatía, sin la cual el granero de la existencia se reduce a una caravana de desesperación y desaliento. No basta ver, oír o incorporar a los Espíritus desencarnados para que alguien adquiera el carácter de respetabilidad.

Toda obra para adelantar, exige trabajadores que se dediquen a su crecimiento y al cuidado de ellos mismos.

El Universo es la proyección de la Mente Divina y la Tierra, es el producto de la mente humana. Las civilizaciones y los pueblos, las culturas y las experiencias constituyen formas de pensamientos por medio de las cuales evolucionamos incesantemente hacia las esferas más altas.

Procuremos la conciencia de Jesús para que nuestra conciencia refleje su perfección y su belleza…

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