Historia & Antrología/Mayombe

Andrés Petit. Fundador del Santo Cristo del Buen Viaje

Andrés Petit nació el 27 de noviembre de 1829 y fue bautizado el 3 de enero de 1830 según lo atestigua el libro de Bautismos de Pardos y Morenos, tomo 33, folio 209, número 813. Se aclaran otras interrogantes. El apellido Petit viene dado por doña Leonor Petit, dueña de su madre, la esclava Juana Mina. Del padre ni siquiera se menciona el hecho de que fuera desconocido y tiene de padrinos a Enrique y Margarita Benedit Petit, quienes con seguridad forman parte de los amos blancos. Corrobora esta suposición que en el mismo libro de bautismos aparece asentado, inmediatamente después del de Andrés, el de una esclava adulta, también perteneciente a Doña Leonor Petit y con Margarita Petit fungiendo de nuevo como madrina.

No obstante el hecho de que aparezcan estos dos importantísimos documentos que prueban su existencia real, se mantienen algunas de las interrogantes y se abren otras más, por lo que se mantiene su condición de personaje enigmático. Es difícil, por tanto, realizar una análisis lo más objetivo posible sin caer en el terreno de la especulación.

Si podemos ir coligiendo el hecho de que no fuera terciario franciscano sino dominico, como lo prueba la defunción, ya que es poco probable que lo fuera de dos órdenes religiosas diferentes a la vez.

Otro aspecto para aclarar es que en el año 1878, cuando Petit fallece, el convento de Santo Domingo pertenecía al clero secular agrupado en la congregación de Santo Domingo que con anterioridad había sido de los dominicos, y no es hasta alrededor de 1887 que pasa a los franciscanos a quienes pertenece en la actualidad.

Profundizando algo en la rama Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje fundada por él, si se le realizara un minucioso análisis se pudiera llegar a la conclusión de que siendo su génesis el Palo no debe ser considerada una rama dentro de esta, sino un culto independiente, creación única de Petit basado en los conocimientos que tenía de este, de Osha y de la Religión Católica junto con aspectos del Culto traído del Calabar.

Poco o casi nada estudiado, la referencia más amplia sobre este culto la encontramos en el libro de Lydia Cabrera publicado en Miami. Como no es nuestro objetivo hacer muy extenso el presente trabajo, sólo nos referiremos a los aspectos que son tomados de las Religiones mencionadas.

En primer lugar, para ser un Kimbisero hay que ser una persona honorable, de buenas costumbres, lo que se verifica antes de ser aceptado. Aquí tenemos la primera similitud con la secta Abakuá en su esencia más pura.

Después, el iniciado debe prestar un juramento en el que se entremezclan los mandamientos cristianos, pero el primero de todos consiste en jurar por la fe en la existencia de Dios. El animal sacrificado en la iniciación es un gallo (otra semejanza con los Abakuá), ya que los animales de cuatro patas (chivos, carneros) se sacrifican cuando es la consagración de un Padre o Madre capacitado, algo así como el equivalente del Tata-Nganga y la Yayi.

El Kimbisa jura ante el crucifijo no blasfemar ni maldecir, perdonar a su enemigo, atender a sus hermanos, no traicionar la institución entre otros. Es importante detenerse en específico en uno: perdonar a su enemigo. Este principio es puramente cristiano, en ninguno otro culto de los traídos del Africa lo encontraremos. No es característica usual de los Mayomberos, ni de los Ñáñigos, ni de Osha, el perdón. Al contrario, en Mayombe aplican la máxima de «clavo saca clavo, mayombe tira y mayombe contesta». Esta diferencia es la que independiza a los Kimbisa de los demás.

Otro aspecto importante son los rezos. Las plegarias están dedicadas, sin variación alguna, en primera instancia, a Jesucristo. Ya sea mencionado como el Santo Cristo del Buen Viaje o Jesús Nazareno, pero nunca falta como referencia primera.

Una orientación interesantísima es una amonestación a los Padres Maestros: Bienaventurados los pacificadores porque serán llamados hijos de Dios que abunda en copiosas citas bíblicas y desde su mismo título nos remite al Sermón de la Montaña.

UNA DE LAS CELEBRACIONES más importantes de los Kimbiseros es la Comida de los Muertos, Despedida del Año Viejo y el Advenimiento del Año Nuevo. Allí mientras se les reza, se canta y baila, se coloca una cazuela con comida (arroz con frijoles y carne de puerco) de la que todos van comiendo con la mano a la vez que bailan alrededor. Rito similar de comunión mediante la comida tienen los Abakuá.

De Osha toma los Santos en su carácter sincrético, a través de sus imágenes, y también en la presencia de ellos a través del matari.

No es el propósito deternese en las similitudes con el Palo, ya que por supuesto, los Kimbiseros realizan sus trabajos a partir de los poderes de los palos y hierbas del monte, y tienen su Prenda o Nganga que nunca será judía, sino cristiana.

De la Prenda famosa de Petit conocida como Mamá Lola se cuenta que esta fue heredada por su mejor ahijado.

Someramente hemos mencionado algunos de los aspectos que nos hacen presuponer que el culto Kimbisa no es una rama más del Palo Monte, sino un culto, por su esencia cristiana, independiente.

Pero además, si hiciéramos un estudio más profundo del culto de Palo Monte en sus otras ramas más conocidas, Brillumba y Mayombe, notaríamos la influencia de la Kimbisa de Petit, porque en estas anteriores apreciamos junto a la prenda judía, la cristiana, que no es más que el resultado del sincretismo religioso en el que Andrés Petit jugó un papel determinante.

Mención aparte y muy especial atención merece su Testamento, protocolado cinco días antes de morir, por el notario Don Luis Justo Marín de Guanabacoa (tomo 2, 1878, Nave 1, estante 6). Con este importantísimo documento se abren otras incógnitas, y nos ofrece datos de interés como la dirección de la casa en que habitaba en Guanabacoa, calle de Candelaria, No. 40; afirma ser hijo de padres desconocidos y bautizado en la Parroquia del Santo Cristo del Buen Viaje. Si desconoció al morir a la humilde esclava quizás fuera que en realidad esta únicamente fungiera como tal o no lo supiera…

Dejando a un lado las especulaciones, el testamento comienza con la proclamación de su fe católica como era característico de la época y con las mismas frases utilizadas por el notario en otros testamentos.

La primera parte es la que aparece transcrita en su defunción. En cuanto a las deudas, éstas no son tantas entre lo que él debe y lo que otros le adeudan. No hay una enumeración detallada para ser un inventario legal, de los cuadros al óleo e imágenes que lega al Monasterio de Santa Catalina, y específica que allí tenía algunos depositados de antemano. En este primer acápite del Testamento ofrece los rasgos de su espiritualidad al pedir cuatro velas al Santo Cristo del Buen Viaje, y el féretro sin lujos, ofreciendo un rasgo de humildad, pero el hecho de solicitar que fuera cerrado de inmediato, posibilitaba que cualquier ceremonia funeraria ritual que se realizara no estuviera a la vista de todos. Abakuá al fin, sus ekobios con seguridad le realizaron el llanto, que siempre se les hace al morir a los juramentados, y quizás el gallo de la muerte lo acompañara en su destino final. Otra de las legendarias versiones sobre su muerte es que lo acompañó su Nganga, pero de todas maneras, existían razones muy poderosas para solicitar el cierre de inmediato de su féretro, y que enigma y leyenda vayan juntos de la mano.

Es significativo que su imagen del Santo Cristo del Buen Viaje fuera legada a Don Domingo Sabate para cuando este regresara del extranjero, los motivos no se consignan y los desconocemos.

A su ahijado Francisco Báez le deja la suma de quinientos pesos, y otras pequeñas cantidades a un grupo de personas, indistintamente blancos y negros, «en recompensa de los buenos servicios que le han prestado los agraciados «.

Instituye por su albacea y único heredero a Don Domingo León y Lanouvé, quien se encargaría de repartir los bienes y del funeral.

Esta figura desconocida juega un papel trascendental en el final de sus días, y al parecer era escribano de actuaciones de la misma notaria, ya que es nombrado como tal en otros documentos y escrituras.

Un dato muy curioso es que el testamento no aparece firmado por él porque «…el testador que asegura no escribir haciendo lo de su ruego y designación el testigo Carrió «.

El estudio del testamento evidencia a un hombre religioso, y habría que leer en las entrelíneas cuando dice «con cuantas facultades sean necesarias y las de arreglar judicial o extrajudicialmente su juicio testamentario según le conviniere a Don Domingo León y Lanouvé « lo que muestra que este era un hombre de toda su confianza, ya que esos cultos eran muy mal vistos en la época, considerados aún hasta muy entrado el siglo XX: «cosas de negros».

En cualquier caso, la vida del gran taumaturgo continúa siendo un misterio.

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