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La Nganga de Batista

Esta historia que recojo en esta ocasión, es de esas cuanto menos curiosas y que da que pensar.

Está escrita por Juan Vives (seudónimo de un viejo cubano asentado en París) y que narra la historia rocambolesca de cómo Batista llegó a obtener una preciada Nganga de 7 Rayos, al parecer de época colonial, perteneciente a como el propio Juan dice “un rey negro capturado como esclavo, o quizás un potente brujo, que no se resignó a ser esclavo”, y de cómo Batista utilizó los poderes de esta prenda para su propio beneficio en plena contienda; de cómo esta Nganga pasó al médico de Fidel Castro; y, por último, de cómo llegó al autor de este escrito, el nombrado Juan.

Aunque hay cosas de este escrito que no son correctas desde la propia comprensión de la religión, en cuanto a lo que se refiere a qué es una Nganga, los elementos que ésta lleva, y otros elementos de la misma; siendo el autor del escrito que más abajo leerá, prácticamente desconocedor del Palo Monte.

Juan Vives, el autor, ha realizado una narración que se me antoja plausible en el marco de la dictadura de Batista, y me parece justo dejarlo tal y como él lo ha escrito, para que así quede su esencia más pura, aunque, como digo, hay algunos puntos de su escrito que no son correctos, como la referencia que hace sobre la prenda de 7 rayos, que no está solamente destinada al resguardo del palero que la posee -como él apunta en su escrito- ni está confeccionada exclusivamente con los materiales que nombra, así como otros detalles de la misma que menciona, acerca del Palo y de la Osha. Pero, me reitero, lo importante es el transfondo del escrito y no la liturgia ni mucho menos los secretos de la religión, que, evidentemente, no hablaremos de ellos en este blog.

LA NGANGA DE BATISTA
Por Juan Vives

Esta es una de esas historias que viene de la noche del tiempo y ha transcurrido durante siglos de en la isla de Cuba. Uno de esos misterios que parece salido de Las Mil y Una Noche, tanto su trayectoria es rocambolesca e incoherente.

El SIETE RAYOS es una prenda de los paleros que está destinada al resguardo del propietario, una especie de escudo invisible que impide todo mal a sus propietarios. La “PRENDA” se confecciona con tierra del cementerio, huesos de muertos y para que tenga fuerza es mejor introducir partes del cerebro de alguien asesinado, suicidado o loco. El Siete Rayos es la defensa y el instrumento de ataque de los paleros cuando están en guerra.

Se trata de un clavo gigantesco de 50 cm. a un metro; en la parte superior una cabeza formada de un cilindro de hierro poco más grande que una lata de leche condensada, donde se le da forma de una cabeza humana con ojos y boca, formada por caracoles. En el interior está repleta de pedazos de palo de diferentes especies, con huesos, pedazos de cerebro etc. (como lo describí más arriba).

El Siete Rayos de esta historia, por lo menos data de la época de la Colonia. Al parecer un rey negro capturado como esclavo, o quizás un potente brujo, que no se resignó a ser esclavo.

En la antigua provincia de Las Villas, los negros esclavos que se escapaban de las plantaciones de caña, se convertían en cimarrones y eran víctimas de los rancheadores, especie de cazadores que eran pagados por capturar los fugitivos que se agrupaban en los llamados “palenques”.

Algunos de estos palenques fueron famosos ya que nunca se logró descubrir su emplazamiento; este fué el caso de un palenque en pleno corazón del Escambray en plena Sierra.

Se rumoraba que nunca lo habían descubierto ya que tenía un potente “Siete Rayos” que protegía a la comunidad.

Al final de la Guerra con la Independencia, los palenques fueron disueltos y el Siete Rayos en cuestión fue a parar a las manos de un palero famoso de la ciudad de Trinidad.

Fulgencio Batista, que era adepto de la Santería, tenía su ‘madre de santo’ en Trinidad, una tal María, sin que yo recuerde el apellido (seguro que algunos viejos del Exilio conocen el nombre completo). Cuando la revolución del 33, cuando Batista despega como hombre fuerte, una de las primeras cosas que hizo fué asegurarse de su protección mediante la Santería. Su famosa santera le aconsejó que debía adquirir para su resguardo el renombrado Siete Rayos que estaba en las manos del palero de Trinidad. Después de una difícil discusión sobre el precio, finalmente, Batista adquirió el objeto de tanta codicia. Todos los años se le sacrificaba un toro y se vertía la sangre sobre la prenda para que tuviera fuerza para proteger y luchar contra los enemigos.

Batista tenía un hermano que era Babalawo (sacerdote de Santería); en 1950 la prenda estaba muy deteriorada y si no se restauraba, la corrosión y el tiempo terminarían por destruirla. Batista envió a su hermano Hermelindo Batista al Congo Belga, para que los paleros africanos restauraran la prenda y la cargaran de fluidos mágicos de nuevo.

Fue una restauración total en la que cambiaron las partes metálicas, pero guardaron los caracoles y collares iniciales. Es posible que el palero de Trinidad haya modificado algo, lo que representaría dos estratos de civilización de distintas épocas concentrados en el Siete Rayos.

Cuando el Asalto al Palacio Presidencial por el Directorio Revolucionario (DR) y la Organización Autentica (OA) ,Batista escapó de milagro por una puerta lateral y según algunos paleros de la época, la prenda le había avisado que corría peligro y que hiciera una salida de emergencia en caso de ataque. Cierto o leyenda, en círculos de santería y de los paleros se hablaba de esta prenda mágica.

Batista abandona el país, en su corre-corre olvida en su propiedad de Kuquine el Siete Rayos que estaba clavado detrás de la puerta de entrada. Cuando los miembros del Ejército Rebelde saquearon Kuquine, alguno de los rebeldes que era santero reconoció el objeto y se lo llevó.

Desde el exilio Batista intentó ofrecer una recompensa a quien le restituyera la prenda y se habló de cientos de miles de dólares; el tipo de verdad que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por el Siete Rayos.

RENE VALLEJO/COMANDANTE DE LA REVOLUCION/MEDICO DE FIDEL CASTRO/ ESPIRITISTA Y PALERO

Si Batista intentó desde el exilio recuperar su prenda, en Cuba Vallejo también se puso a la caza del objeto y con todas las intenciones de encontrarlo. Después de una investigación y búsqueda digna de una novela de Sherlok Holmes, Vallejo logró meter la mano sobre la pieza que pagó a precio de oro. Para él, palero emérito, esto representaba uno de los objetos de mayor valor que existieran.

El comandante René Vallejo sigue siendo uno de los enigmas de la historia de la revolución, como este hombre de una cultura extraordinaria, médico cirujano y especialista pulmonar, podía ser al mismo tiempo Comandante de la revolución, médico personal de Fidel, espiritista y palero.

Nace an 1920 en Manzanillo y es muy amigo de la familia Manduley, y desde niño conoce a Celia Sánchez Manduley. Cursa estudios de Medicina y se hace cirujano, recorre diferentes países europeos y durante la Segunda Guerra Mundial es médico en el Ejército americano.

En Manzanillo funda el hospital de la Caridad y es una personalidad regional. Junto con Celia es miembro de un círculo espiritista de esa ciudad y por otra parte un palero de renombre.

Conjuntamente con Celia prepara en la provincia oriental la ayuda a los que desembarcaron en el yate Granma. Sube a la Sierra Maestra y se incorpora a la Columna No 1 de Fidel y es desde esos momentos su médico personal, confidente y hombre de confianza, la sombra del Comandante en Jefe que lo acompañaba en todo momento.

Cuando se funda el G-2 en Quinta y 14 en Miramar, su primer jefe, el comunista Oswaldo Sánchez, intenta que le quiten como médico de Fidel a Vallejo, porque era incompatible con sus funciones y creencias religiosa “oscurantistas”.

Cuando Celia se enteró de las maniobras que estaban realizando para alejar a Vallejo, metió uno de esos “bateos” de los que sólo ella tenía el secreto y con su llenguaje habitual cuando se encabronaba, se cagó en la madre de Manuel Piñeiro y de Oswaldo Sánchez, ambos jefes de la Seguridad’ les dijo hasta del mal que iban a morir; “la flaca” tenía una lengua del carajo y cuidado; era la secretaria personal de Fidel y Secretaria del Consejo de Ministros. La ünica persona en Cuba que podía oponerse a Fidel, en cierta manera su ‘loquera’.

Esta es otra de las incógnitas que nunca se logró saber. Nadie en Cuba podía contradecir al “caballo”, salvo Celia, que incluso lo regañaba como si fuera un muchacho y el tipo obedecía. Nadie sabe porqué tenía tal ascendencia sobre Fidel.

A Celia y a Vallejo los conocí en los primeros meses de la revolución en 1959. El esposo de mi tía, Nicanor Manduley Ochoa era tío de Celia y como era una familia de Campechuela y Manzanillo, conocían bien a Vallejo, que a veces venía los domingos a comer arroz con pollo que cocinaba mi tía.

Eran casi lazos familiares los que unían a Celia con Vallejo, se conocían desde jóvenes y frecuentaban el mismo centro espiritista de Manzanillo. En medio de aquella vorágine comunista en donde creer en algo que no fuera el comunismo era considerado como una desviación ideológica y reprimida, ni Celia ni Vallejo escondían sus creencias y nadie podía decir nada.

Celia Sánchez tenía una cadena de oro en el tobillo derecho, signo de ser abicúa, ostentación clara de ser santera. En cuanto a otros como el Comandante de la revolución Juan Almeida, que tiene ‘hecho santo’ y esconde los collares que siempre lleva consigo y otros tantos, siempre fueron muy discretos.

Yo siempre leí mucho y en cada uno de mis viajes al exterior, entraba con maletas cargadas de libros, que fueran en español, inglés, francés o italiano. Vallejo vivía con sus dos hermanas que estaban viudas en El Nuevo Vedado, cerquita del Zoológico de La Habana.

En muchas ocasiones fui a verlo para prestarle libros que traía de mis viajes y que eran imposibles de conseguir en Cuba.

Siempre que llegaba a su casa quería hablar en francés; decía que era para no olvidarlo, pienso que resultaba de un gusto intelectual, lo hablaba perfectamente y sin ningún acento.

En su casa existía una habitación que era su cuarto de santería, de Palo Monte y espiritismo; ramos de flores, vasos de agua, marmitas de santería y algunas piezas de Palo.

Unos días antes de su muerte, me llamó por teléfono para pedirme que pasara por su casa que tenía un favor que pedirme. Yo no veía qué favor podía rendirle a Vallejo que era el personaje más cercano a Fidel, pensé que a lo mejor quería algún libro.

Cuando llegué a su casa, siempre tan amable, me dijo: “ven conmigo” y me llevó al cuarto en donde tenía todas las cosas de santería, Palo y espiritismo. Fue la primera y única vez que las vi.

Velas encendidas por todos los lados, vasos de agua, flores…aquello era el “reino del Más Allá”. Se dirigió hacia aquel clavo de hierro con una cabeza representando un ser humano hecha de cuero, en su cúspide en forma de corona unos tarros, supongo que de venado, y entonces fue que me contó la historia de la “prenda”.

En su parte superior tenía los cuernos que se habían despegado y quería que la llevara a la Manzana de Gómez, en donde estaba un centro de artesanía nacional, para que un experto le recolara los tarros al Siete Rayos. Me envolvió la pieza en un paño rojo y me la entregó.

Pocos días después, a mediados del 69, Vallejo sufre de una grave hemorragia cerebral y su estado era tan grave que no pudieron trasladarlo al hospital y llevaron a su casa todos los equipos disponibles para salvarle la vida: en vano.

Mucho más tarde en 1979, aún conservaba el Siete Rayos y no sabía qué hacer con aquella cosa y decidí decírselo a Celia para que hiciera lo que creyera conveniente.

Cuando se lo dije se disgustó mucho y me dijo: “–El sabía que no podía separrse del Siete Rayos y que todos los meses debía darle que comer, eso es muy fuerte y no se puede jugar”.

¿Y yo qué hago con este tareco? Me dijo que lo guardara que me podía proteger y salvarme la vida, que a cada rato le degollara un gallo y vertiera la sangre arriba. Si no que lo guardara en una caja oscura sin ver el sol y que una vez al año lo rociara con ron y lo volviera a encerrar en la oscuridad.

Han pasado 28 años y el Siete Rayos sigue en una caja envuelto en un trapo rojo. Sabía que me iría de Cuba y algunos días antes de tomar rumbo a Francia, desde luego era transitorio por la enfermedad de una de mis hijas, realmente yo sabía definitivo, fuí a ver a Celia y le dije francamente que ‘espantaba la mula’ y que tenía el Siete Rayos de Vallejo. Me respondió que lo sacara de Cuba como pudiera y que lo conservara como protección, que los santos le habían dicho que le quedaba poco. Murió al año siguiente en 1980, yo no sé si fueron los santos o el médico, pero lo cierto fué que sabía que se estaba muriendo.

Por medio de una valija diplomática el Siete Rayos viajó hasta Europa, donde pude recuperarlo y aquí lo tengo.

Gran brujo o Rey negro, dictador Batista o Comandante de la revolución con sus etapas desconocidas sin saber en manos de quién estuvo este ídolo, no deja de ser una curiosidad que forma parte de nuestra historia de una manera u otra y reafirma nuestras raíces africanas en una nación mestiza, en donde Santa Bárbara es también Changó.

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