Espiritismo

Nuestro espiritismo: Cruzado – 2

La ciudad de Matanzas, conocida como “tierra de santeros”, se caracteriza por ser una de las ciudades de mayor y más variada presencia de los productos transculturales y sincréticos de las prácticas mágico-religiosas introducidas por los esclavos africanos en Cuba. Ellas son la Regla de Ocha o Santería Cubana, la Regla Iyessá, la Regla Arará, la Regla Palo Monte y la Sociedad Secreta Abakuá. Entre las personas que las practican está ampliamente difundida la variante cruzada del Espiritismo, el cual tiene como fuentes al llamado Espiritismo de Mesa o Científico, a la Religiosidad Popular Española y a las expresiones religiosas de origen africano, fundamentalmente la Regla de Ocha o Santería Cubana y la Regla Palo Monte.

El Espiritismo Científico o de Mesa fue introducido en Cuba desde los Estados Unidos en la 2da mitad del siglo XIX, y en la ciudad de Matanzas, hasta los años 60 del siglo pasado, se podían encontrar numerosos centros de práctica espírita, la cual se caracterizaba por:

– Presencia de un sencillo ritual.
– Posibilidad de comunicación con los espíritus directamente o a través de los mediums.
– Trabajo con espíritus”elevados” (sacerdotes, monjas, médicos, poetas, próceres, indios, etc.)
– Misa abierta para dar luz a los espíritus “atrasados”.
– Carácter hipodinámico de las misas.
– Uso de vasos de agua, flores y perfume.
– Lectura de poesías, rezos, plegarias y cantos de elevadas transmisiones espirituales.

Los que asistían sus sesiones eran, fundamentalmente, representantes de la pequeña burguesía, médicos, maestros, abogados, personas cuyo nivel cultural les permitía asimilar y llevar a la práctica las “elevadas” doctrinas filosóficas y éticas que profesaba en Cuba el Espiritismo de Mesa o Científico. Este tiene tendencias a las ideas y los sentimientos elevados, al perfeccionamiento moral y espiritual. Se identifica con el Catolicismo y con las ideas acerca del cielo, el purgatorio, el paraíso, el infierno, y la inmortalidad del alma.

Al ir penetrando la práctica espírita entre las amplias masas populares, fue asimilando elementos tanto de la religiosidad popular, introducida por inmigrantes españoles pobres, como de las prácticas rituales del culto a las deidades y antepasados que trajeron consigo los esclavos africanos, y las que han sido transmitidas de generación en generación, en todo un largo y contradictorio proceso de transculturación y de sincretismo, independientemente del color de su piel y extracción social.
Es necesario subrayar, que los practicantes de la Religiosidad Popular Cubana han ampliado su concepción mágico-religiosa, a través de las generaciones, al establecer los correspondientes lazos funcionales entre las diferentes expresiones religiosas de origen africano y el Espiritismo. Ellos, de manera general, consideran que mientras más y variados elementos dominen, más apoyo, poder y protección obtendrán de los seres y fuerzas sobrenaturales a los que rinden culto. Un mismo practicante puede ser espiritista, a la vez estar iniciado en las reglas de Ocha, Arará o Palo Monte, y pertenecer además a la Sociedad Secreta Abakuá.

Por eso la práctica del Espiritismo dentro de las masas populares ha ido asimilando elementos del culto a las deidades y a los antepasados de los diferentes sistemas mágico-religiosos de origen africano en Cuba. Esto lo ha posibilitado también el hecho de que los procesos mediúmnicos y de evocación de espíritus, a pesar de su diverso tratamiento, son inherentes no sólo al Espiritismo, sino también a las prácticas rituales mencionadas. Esto favorece su mutua influencia e interpenetración. Incluso, las prácticas del Espiritismo y del Palo Monte han enriquecido, entre los iniciados de la Regla de Ocha y la Regla Arará, la adoración de los antepasados, pues a través los caminos del Espiritismo y el Palo, los muertos pueden “bajar y laborar” en beneficio de sus hermanos que “animan materia”.

Antes de continuar debemos aclarar la posición del Espiritismo Científico con relación al culto a los muertos y a los antepasados de origen africano Al respecto expresa Diolindo Amorín:

“… El mediumnismo forma parte del Espiritismo, pero se impone aclarar que mediumnismo no es Espiritismo; que existe mediumnismo en los cultos africanos es una cosa que no se discute y que en tal base, puede presentarse la tesis de que aún cuando tengan por base la inmortalidad del alma y realicen mediumnismo, las prácticas del Africanismo, a pesar de ser espiritualistas, no constituyen modalidades del Espiritismo. … El Africanismo tiene ritual organizado, de acuerdo a sus seculares tradiciones fundado en la creencia en divinidades peculiares a su culto y, en lo que toca al Espiritismo, no adopta ni tiene ritual de ninguna especie, no tiene forma de culto ni adora divinidades. Es una doctrina científica, propensa al método experimental, de meditaciones filosóficas muy elevadas, toda vez que trata del destino del alma humana, preparando al hombre para la práctica del Bien, única senda que conduce a Dios” (1)

La invocación y evocación de espíritus tiene lugar en las llamadas misas o sesiones espiritistas, las cuales tienen como objetivo fundamental la invocación y evocación de espíritus con el objeto de lograr su ayuda y protección en los problemas de la vida cotidiana y trascendental. Además, en las misas, se trata de “dar luz” a aquellos hermanos desencarnados que la necesitan, o sea, a los espíritus que posean alguna forma de atraso espiritual. Ellas pueden clasificarse como misas de caridad, de recogimiento, para familiares, de investigación espiritual, de carácter festivo, etc. Las misas se realizan con el concurso de los mediums, los cuales son personas que, además de ser capaces de comunicarse con los espíritus, poseen ciertas facultades, tales como la clarividencia (visual y auditiva), intuición, presentimientos, etc.

Los mediums pueden trabajar con diferentes comisiones de espíritus, entre ellas, la árabe, la india, la africana, la gitana, la marina, la médica, etc., pero en la variante popular del Espiritismo. De estas comisiones se ha consolidado la comisión africana, presidida por los espíritus congos. Estos últimos han introducido su rica ritualidad, en la práctica espírita, Ella es evidente en la invocación y evocación de los espíritus, en la posibilidad de su manipulación mágico-religiosa y en la propiciación de la atmósfera espiritual necesaria con la ayuda de “limpiezas y despojos”. Estos espíritus son tan vitales que necesitan de ofrendas (comidas, bebidas, flores, etc.) y hasta de sacrificios de animales (palomas, pollos y gallos) para propiciar su existencia y poderes sobrenaturales. En sus manifestaciones, a través de los mediums, ellos fuman, ingieren bebidas alcohólicas, y realizan diversas acciones mágico-religiosas. Estos espíritus se presentan en las misas “con la corriente” de las deidades de Palo Monte que adoraban en vida, con la acción de Lucero (Elegguá), Zarabanda (Oggún), Siete Rayos (Changó), Madre Agua (Yemayá), Mama Chola (Oshún) y otros. Además, por emplear vehículos músico-danzarios para crear la atmósfera adecuada y como factor desencadenante de los estados de posesión, ellos le han concedido un carácter hiperactivo a las misas. De ahí que hayan surgido misas espirituales de carácter festivo, en las que se logra la manifestación de los espíritus, no con la ayuda de elevados rezos, plegarias y transmisiones espirituales, sino por medio de cantos y bailes donde se entremezclan las más ricas tradiciones músico-danzarias paleras (“hala congo”) y de la Rumba Cubana. Esas variantes festivas son: el Tambor, el Cajón, y la Rumba al Muerto. En ellas la utilización del espacio es mucho más activa que en el Espiritismo Científico o de Mesa.

El practicante del Espiritismo Cruzado, como los practicantes de los sistemas religiosos de origen africano, está inmerso en un ininterrumpido diálogo trascendental con los seres y fuerzas sobrenaturales que adora, con el objetivo de hallar ayuda y protección. Esto los arrastra a una realidad especial de existencia, a un mundo de lo fabuloso, donde el agua, las plantas, el aroma de ciertos alimentos, la palabra, y los más disímiles objetos, acciones y fenómenos que lo rodean, resultan ser las representaciones, los contenedores, de las fuerzas que pretende desencadenar, y cuyos sentidos y supuestas propiedades trata de manipular, para así propiciar su protección y ayuda. Con relación a esa “especial” realidad expresa J.J.Figarola:
“…la realidad tenida convencionalmente como normal coincide con la realidad que hemos denominado aspirada y esta coincidencia conduce, a su vez, a que la realidad factual, habitual, resulte sustituida por una realidad representada, dentro de la cual nada de lo que se ve, se toque o se guste, tiene propiedad alguna en su específica materialidad, sino sola y simplemente en lo que constituye como representación. Claro que no es una representación caótica o caprichosa, sino también ajustada a un código preestablecido, frecuentemente críptico y altamente complejo de descifrar.” (2)

Y en esa realidad especial o aspirada:
“…Un vaso de agua no es un vaso, una vela no es una vela, un chivo degollado no es un chivo degollado, un árbol no es un árbol, el suelo no es el suelo, el viento no es el viento, la vida no es la vida, la muerte no es la muerte. Son expresiones de un mundo subjetivo único y totalizador que no es igual para todos los sistemas mágico religiosos.” (3)

De esta manera, también el espacio físico donde transcurren las actividades mágico religiosas propias del Espiritismo Cruzado tampoco es el mismo espacio objetivo donde transcurre la actividad natural y social del hombre, y con el cual establece ciertas relaciones. Este sufre una reinterpretación simbólica a través del prisma de las ideas y representaciones mágico religiosas de la creencia en cuestión. Resulta ser el mismo espacio, pero a la vez no lo es. Como resultado de un cambio de representaciones, propiciadas por la acción de determinados rituales, se ha ido desprendiendo de su universo cotidiano, ha adquirido determinadas características, cierta atmósfera especial, que lo han transformado, y lo hacen diferente. Para los espiritistas, ese espacio está situado, fundamentalmente, frente a la mesa altar. Ese espacio “especial”, según Yalexis Castañeda Maché, resulta ser:
“¨…el lugar propicio para hacer trascender sus ideas, “sentir” en su cuerpo las fuerzas o corrientes espirituales o “pasar un muerto”, al decir de los entrevistados. Allí todo lo que sucede se interpreta como expresión de una “realidad” que en el curso de la actividad se va legitimando frente a los presentes y que sólo encuentra pertenencia a través de la práctica misma. A esto le denominamos espacio real-simbólico, en el cual el practicante recrea su propio imaginario de la creencia dotándolo de sentido, virtudes y poderes sagrados, los que se hacen explícitos en la práctica según la dimensión social y subjetiva de la necesidad que presentan.” (4)

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