Mayombe

Mayombe VS Osha

El español Federico Olóriz fue al que debemos el sistema de identificación dactilar, basado en la total singularidad (irrepetible) de la huella dactilar de un ser humano en comparación con la huella de cualquier otro individuo. Siguiendo un trasfondo filosófico coincidente, cientos de culturas a lo largo de todo el mundo han considerado que el ser humano tiene una naturaleza sutil más allá de su propia naturaleza grosera que se compone de varias latitudes… describirlas no es la intención de este artículo, pero es un concepto que nos debe de quedar claro aunque fuere en su forma resumida: cada ser humano posee una naturaleza y trayectoria única e irrepetible.

No sé si etimológicamente desde el kikongo la definición es muy exacta, pero lo cierto es que la mayoría de Tatas de las últimas décadas han decidido llamar “NZILA” para amparar dicho concepto. Pese a que lingüísticamente Nzila significa “camino”, palabra tan profana como cualquier otra, dentro del culto del Palo Mayombe cobra un significado de mayor profundidad paradigmática. La Nzila es la trayectoria del ser humano, producto de la investigación de su singular naturaleza.

En la Osha existe este concepto (en muchísimas culturas existe) dentro de su propia forma y cosmogonía. En ella, el alma antes de partir hacia la tierra se presenta ante la Suprema Divinidad (Olodumare) y aquí esta alma recibe su posición, trayectoria y esencia. Nadie conoce esto, debido a ciertas cuestiones que ocurren en el trayecto a la tierra, la propia memoria de ese alma es borrada. Sin embargo, la presencia de Orula, quien se entiende es el testigo de la creación (Eleri Ipin) y hasta la propia voz de Dios en la tierra debido a sus conocimientos adquiridos gracias a su presencia en la cámara de Olodumare cuando la creación ocurre, convierte a Orula en aquel capacitado para revelar el destino humano a través de su élite sacerdotal: los Babalawos.

Desde tribus precolombinas, hasta culturas europeas de la pre-cristiandad, sistemas filosóficos ya desaparecidos, y decenas de escuelas mistéricas actuales coinciden en esta verdad: el ser humano es único en naturaleza, experiencia y trayectoria y su conjunto racial representa una obra teatral en constante evolución y revolución. No hay escuela iniciática que no mantenga este paradigma, muy a pesar que cada grupo ha explicado esta unicidad desde su propia observación de la naturaleza y el universo, desprendiéndose de ahí un sinfín de mitologías, praxis, filosofías y enseñanzas.

La lógica nos empuja a caer en la conclusión de que cada sociedad iniciática es única y hábil en su singularidad para alcanzar este objetivo ¿no es cierto?

En las últimas décadas existe la costumbre dentro de la afrocubanía religiosa de ser consagrado en varios cultos afrocubanos. Esto no sucedía en la época de nuestros abuelos, salvando contadas excepciones era extraño observar a los Tatas (iniciados en Mayombe, cual linaje fuese) consagrándose como Santeros y viceversa. De hecho, de nuestros mayores nos llegan historias que nos hacen entrever que no tuvieron, estos grupos, religiosos la mejor relación siempre. Eran sin duda culturas distintas la yoruba y la bantú, incluso ya como esclavos se encontraron muchas diferencias de carácter y trabajo ¡Imaginen filosóficas y religiosas!

Dentro de la filosofía de lo que en Cuba llamaron “kongos” (esclavos de procedencia Bantú) existía un fortísimo culto a los antepasados como eje piramidal de todo su sistema de creencias, además de los Nkisis (espíritus divinizados, frecuentemente representados en tallas de madera), y por supuesto del propio Nzambia Mpungo: el Ser Supremo para los kongo. Pues ellos, tal vez al contrario que otros vecinos del continente africano, se entroncan dentro del concepto del Monoteísmo solo que con las dosis frecuentes (en las tribus africanas) de animismo y culto a los antepasados. Con más o menos pureza, los esclavos de procedencia Bantú llevaron estas ideas al nuevo mundo en el que se construyeron los primeros Nkisis (llamados Ngangas en la Isla) y a pesar de que la interrelación de tribus bantúes lograron en Cuba una simbiosis obligada que es común a los efectos de la transculturación (en palabras del antropólogo y etnólogo cubano Fernando Ortiz), la unicidad cultural bantú pudo imperar: sobre todo al amparo de Palenques y exilios varios.

Historias un tanto distintas sufrieron los esclavos de origen Yoruba, responsables de la Santería o Regla de Osha. Demasiado para tratar en un breve artículo, pero si cabe señalar algo innato en los Yoruba: la Sociedad Egungun. Muchas personas no se ponen de acuerdo, no sabemos exactamente si alguna vez llegó a Cuba y desapareció en los primeros siglos de la esclavitud, o por el contrario jamás llegó y permaneció hasta hoy en África. Egungun es una definición plural que hace referencia a los antepasados (espíritu de antepasado: eggun), y además, nombra a una sociedad de iniciados encargados en los misterios de este culto. La práctica del culto a los antepasados era y es en la Osha algo imprescindible para el culto de los propios Orishas; la alineación con los antepasados, alineación correcta y equilibrada, era de obligado cumplimiento para cualquier sacerdote de Orisha (vugarmente conocios como “santeros”, en la Isla). Punto obligatorio para, también, cualquier iniciado en el Palo Mayombe. La Santería, careciendo en el Nuevo Mundo de la élite de iniciados de la sociedad de Egungun tiró de aquí y de allá (básicamente, del Espiritismo Cruzado y el Palo Mayombe) para sustituir aquellos iniciados médiums que comunicaban a los ancestros con los linajes vivos, y para formar un culto a los antepasados que permitiese una alineación completa y correcta con la función tan vital que los antepasados cumplían y cumplen en el culto a Orisha desarrollado en la Regla de Osha.

De ahí se desprendieron, durante la última mitad del Siglo XIX, muchas de las costumbres que hoy practicamos: la obligatoriedad de una misa espiritual previa a la coronación de un santo, la costumbre de muchos Ilé de santo de rayar a una persona antes de consagrarla en Orisha, e incluso la profanación de reescribir los signos de los Oduns de Diloggún o Ifa: en donde ponía (el original) que una persona estaba destinada a ingresar a la sociedad de iniciados de Egungun, hoy pone una necesidad de rayarse en Palo Mayombe.

Mayombe, en definitiva, se convirtió para muchos en una muleta improvisada para la Santería Cubana. El tiempo y el convencimiento generacional de este proceder insinuó, de alguna extraña manera y en los albores del Siglo XX, que un culto estaba por encima del otro.

La realidad es otra. El Mayombe tiene sus propias “divinidades”, no en un sentido antropomorfizado como ocurriera en la Santeria en donde la antropormización de sus divinidades tiene incluso cierto sabor helénico. En Mayombe fueron conocidos como Mpungos, la divinización de las fuerzas de la naturaleza, emanaciones del propio Nzambia Mpungo: “los dedos de Nzambia” con los que operaba en la tierra. Mayombe tiene un propio sentido singular de los antepasados (Bakulu) distinto al de Eggun, y desde luego no tenerlo en cuenta no sólo sirve para recoger una versión descafeinada del Mayombe, sino que también ha costado muchas estafas (en el mejor de los casos) o tragedias (en el peor) por ignorar estos elementos. Mayombe tiene su propia cosmogonía, diferenciada a la Osha, y un sistema propio filosófico. Aún cuando en Cuba la obligatoria convivencia de estos cultos ha generado ciertos sincretismos muy palpables (sobre todo en ciertos linajes), de forma por cierto bidireccional, ignorar el trasfondo no ha traído más que quebraderos de cabeza, sinsentidos, ignorancia y a veces incluso desgracias. Importa realmente poco si perteneces a Briyumba o a Kimbiza, pues cuando evocaba antes aquellos tiempos donde cada uno se quedaba en su tierra, encontraremos ejemplos históricos de todos los linajes.

Orula puede mandar a rayar en Itá de Mano de Orula…
El Itá de santo puede mandar a Rayar…
Los hijos de Obatalá no pueden rayarse…
Los hijos de Oyá deben de rayarse…
Un Babalawo puede trabajar Nganga, aún sin estar rayado…
Existe una ceremonia llamada “Jubilación” para aquellos que hicieron santo, debían rayarse, y no se rayaron…

Son sólo algunos ejemplos de afirmaciones FALSAS, cuando no inventos totalmente improvisados y por cuestiones exclusivamente económicas. En resumen, estafas.

Lo cierto es que cada ser humano posee una trayectoria particular, y algunos unos parámetros jerarquico-espirituales que cumplimentar. Cual cometa, ese alma o grupo de almas llegarán a la tierra con esa trayectoria y lo harán de una manera afín a esa trayectoria. A menudo, la ausencia de la complementación pudiese traer disturbios en la vida de la persona, más su cercanía traerá una plenitud naciente y creciente aún dentro de los conflictos de la vida con las que todo ser humano nos vemos obligados a bregar. Esto se refleja claramente en la obligatoriedad de realizar una investigación profunda de la persona, frente a una Nganga, para averiguar si realmente es un ser llamado a ese culto. De un modo idéntico que no por poseer Elekes y/o Mano de Orunmilá una persona está destinada al sacerdocio de Orisha, sino que debe ser ratificado y bien averiguado antes de coronar santo alguno… ya no digamos Ifá. Es decir, son cultos donde la preponderancia es producto de un llamado y no de un capricho.

¿Que cuales son las razones? Son misterios difíciles de resolver, algunos obtienen deudas ancestrales por familiares que fueron iniciados en los cultos que ahora ejercen un poder imantado hacia usted. Otras veces son entidades que por alguna razón acompañan a la persona, o incluso deudas recogidas en otras existencias. Tal vez para sorpresa de muchos, pero el concepto de “reencarnación” no es exclusivo de las religiones orientales como el Hinduismo o el Budismo. Tal vez sí la versión occidentalizada que la New Age ha impreso en los pseudo-libros de su biblioteca esotérica preferida, pero ciertamente no es así. Muchos cultos amerindios, africanos, europeos (pre-cristiandad) e incluso subgrupos del cristianismo en su tiempo perseguidos y exterminados por las autoridades católicas (véase los gnósticos cristianos) tuvieron conceptos propios de la reencarnación; en muchísimos puntos muy diferentes a los orientales. La vida de un ser humano, pese a poseer una trayectoria, pienso que es (paradógicamente) un folio en blanco y sólo escribiendo y aventurándose uno averigua sus esencias particulares. Por decirlo así, su trayectoria descansa en la mano que sujeta la pluma y no en el folio: “El camino se descubre caminando.” Escuché una vez.

Usted puede ser una de esas personas, tal vez usted fue que le hicieron santo, raudamente en días previos la rayaron y la devolvieron a su casa (seguramente a su país) con un cargamento de fundamentos que igual usted ha comenzado poco a poco a aprender a manejar, o tal vez aún ni eso. Mientras usted viva, aún sigue teniendo la oportunidad de ahondar más profundamente y disfrutar de la (inmensa) profundidad del Palo Mayombe. Es sencillo, pida ayuda en un lugar competente y con personas responsables.

Si bien es cierto que el culto a Nfumbe es algo importante dentro del Palo Mayombe, también es cierto que una Nganga es algo muy complejo que está relacionado a muchas fuerzas de diferentes naturalezas. Nfumbe (en kikongo “cadáver”) es el denominativo popular para describir la osamenta humana que descansa en una Nganga, digamos así “el ejecutor” de la Nganga. En una Nganga viven Nksis diversos, en una Nganga vive Mpungo, una Nganga es conectada a un hilo de antepasados que pertenecieron a su rama durante generaciones y generaciones: una Nganga es un mundo en pequeño, el Nfumbe es una parte de ese mundo, más no su totalidad.

“Manolito” (por escoger un nombre de un Nfumbe cualquiera) es un señor que aceptó un pacto con usted. Él hará su voluntad a cambio de sangre y ofrendas varias, seguramente le cuide de enemigos y le avise de peligros que usted no es capaz de ver. Todo eso es cierto, al menos lo es si realmente usted ha recibido las ceremonias de manera correcta y ahí existe un pacto real ante autoridades jerarquico-esprituales apropiadas que se aseguren de velar por el cumplimiento de dicho pacto. Pero “Manolito” es solo eso, “Manolito”… pese a todas las ceremonias que tiene hechas en Campo Santo, en la Ceiba, en el propio Nzo… sigue siendo Manolito en esencia. Fíjese bien en esto ¿como sabemos, cuando llevamos a un posible candidato de ahijado a consultar si debe, o no, ser iniciado? Manolito, después de todo, va a ver en todo aquello una ceremonia más donde habrá sacrificios y muchas otras cuestiones ¡Manolito seguramente diga que sí! pero ¿es genuino ese sí? Es un ejemplo que hace escasos días comentaba un Tata muy respetado por mí, y que me recordó cosas porque mi propio Tata hizo esa reflexión delante mío en una ocasión. Me pregunto yo ¿qué autoridad tiene Manolito para determinar si existe licencia, o no, para conducir un rayamiento? Realmente poca. Sin embargo, todos insistimos en que la única forma de determinar esto es frente a una Nganga ¿por qué? Desde luego algo tiene que tener la Nganga, la Nganga debe ir y ser más allá que Manolito.

¿Quién concede la licencia para que un rayamiento ocurra? Mpungo, Bakulu, los propios ancestros de un ser humano. Nganga es un catalizador de todo eso, no únicamente de la esencia de Manolito que jalamos y despertamos haciendo uso fácil de sus restos, con los procedimientos apropiados… que indudablemente son cosas de Tatas, y por ello no son cosas de debate en público, respetando el juramento de secreto que todos hacemos al momento de ser iniciados. Más aún, Mpungo es una esencia divina emanada de Nzambia Mpungo, y que hace de responsable en la relación Tata-Nfumbe, Nfumbe-Tata… son muchos los Tatas ajusticiados por este motivo, debido a sus actos de naturaleza innoble y a veces incluso abominable. Lógicamente, también son autoridades (probablemente al contrario que Manolito) para autorizar, o no, un rayamiento… y hay quien dice que es el Nfumbe el intermediario, y digo yo ¿seguro? Yo no pienso revelar aquí secretos, pero invito a investigar con sus mayores con una profundidad un poco más acentuada… solo diré que lo que a uno le da esa autoridad, pues Mpungo es algo grande (como para el santero lo es Orisha) en mi opinión, ya nace con uno desde el primer día. Eso pienso yo, así me enseñaron a mí.

Mpungo es río, es mar, es viento, es fuego y es rayo, es monte, es loma,es… Pienso que importa bien poco si utilizamos nombres criollos o exactamente africanos, los procedimientos, firmas y conocimiento esencial de cada Mpungo es la clave para llamar a esas fuerzas. Su singularidad, los conocimientos heredados de los que estuvieron antes, los tratados de nuestros propios Munanzos. Si encontrásemos un río en algún lugar de Cuba, tal vez en una orilla viésemos a una Iyalosha (santera) rezando en su lengua y haciendo sus cosas. Al otro lado del río, viésemos a un Tata con su sombrero de guajiro y su torso desnudo, haciendo firmas extrañas en el suelo, cantando mambos mientras procede ¡procedimientos muy distintos que los de la Iyalosha! El río es el río, es una sola fuerza y lo es para uno y para el otro… pero uno lo llama y trata de una manera, y otro lo llama y trata de otra. Cada cual bajo su interés, su propósito, pero coherente a la naturaleza que ven en ese río.

El Palo Mayombe es un culto propio, ciertamente en convivencia con la Santería por cuestiones históricas, pero propio, muy diferenciado y único. No es menor, ni tampoco mayor, que ningún otro culto y no necesita de nada ni de nadie para ser desarrollado. Tiene sus ancestros, tiene sus formas de ver la multiplicidad de la Gran Divinidad, tiene sus formas, su filosofía y sus procedimientos. También tiene sus ritos, su propia cosmogonía diferenciada, sus reglas. Aprendamos y estudiemos, y después… sigamos estudiando.

¿Puede existir la necesidad genuina de ser iniciado en los dos cultos? Por supuesto que sí. Todo se relaciona con el transcurrir de la historia; los cultos se confluyen, las razas se mestizan, las deudas se contraen y los linajes se establecen. Esto en todo el mundo, pero Cuba es un ejemplo de transculturación y mestizaje que casi merece un estudio. De hecho, lo hay. No estoy tan seguro de que todo aquel que está en esta situación responde a esta razón, mucho menos desde que en las últimas décadas el comercio y el mercachifleo ha invadido los cultos afrocubanos. Pero sí hay muchos ejemplos genuinos que lo demuestran.

Lo que se confunde son muchas cosas; las personas piensan que a mayores títulos mayores grandezas, cuando de lo que se trata es de cumplimentar necesidades con las que vinimos al mundo. El potencial siempre es interno. Algunas naturalezas, la mayoría, necesitan de esta u otra consagración para cumplimentar, otros necesitan de dos… pero una vez complementados no valen más que aquellas muy pero que muy contadas naturalezas que no necesitan de absolutamente nada y apenas un vaso de agua y una vela les son necesarias para prodigios que hoy muchos Tatas o Santeros ni sueñan.

Santeros, Tatas, Babalawos, Oriatés… son titulos que ni me asombran, ni le aconsejo que le asombre demasiado. Primero la calidad de persona y de conocimiento, después la autenticidad de su status. Una cosa es comprar un santo y atornillarselo a la cabeza, otra cosa es coronar Osha y ser sacerdote de Orisha. Una cosa es recibir cortes y comprar una Nganga, y otra hacer XXXXXXXXXX pactos que inmediatamente vibren en tu astral, te transformen y ayuden a transformar a otros. Para los primeros casos, inútil y folclórico donde los haya, con un poco de dinero sirve. Lo segundo ya es más complicado.

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Un pensamiento en “Mayombe VS Osha

  1. Buenas tardes TATA, con todo respeto, en primer lugar saludos y en segundo lugar para felicitar por el presente trabajo, aclara muchas dudas ya que aquì en venezuela se ha benido presentando un fenòmeno con las caracterìsticas que usted està planteando, como por ejemplo santeros que se estàn rayando en palo monte previa ” jubilaciòn”, pura estafa, se que en ÀFRICA en los pueblos bantùs no existe esa tal jubilaciòn ni mucho menos en los pueblos Yorubas.

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