Espiritismo

¿Por qué hacemos una misa espiritual? Parte II

africanaLas MISAS DE RECOGIMIENTO son las sesiones, como hemos visto en la Primera Parte, dedicadas a “recoger” entidades perturbadoras que están presentado diversos problemas manifiestos en la vida de una persona. Estos trastornos son muy diversos, sin tener por qué acudir a la memoria cinematográfica, y suponen desde aquellos que podríamos llamar psicológicos  (y que de hecho, un médium responsable compaginará con la supervision psicológica pertinente) o bien de una naturaleza más tangible en la vida de la persona: problemas, atrasos, salud…

Obsesión Espiritual

Nos dice Divaldo P. Franco, autor precursos del famoso médium brasileño Chico Xavier:

El Espiritismo, que codificado por Allan Kardec con el concurso de espíritus de elevado tenor espiritual, nos enseña que no estamos solos, que hay un enjambre de espíritus alrededor nuestro y que, desde que el hombre habita en la Tierra, existen los espíritus, siendo estos los mismos hombres y mujeres que vivieron en este mundo corporal pero sin su envoltorio carnal, los cuales se codean con nosotros, los que estamos encarnados, e influyen en nuestras vidas, aunque no nos demos cuenta. Estas influencias han sido y son bien de espíritus amigos – familiares, protectores, instructores – o bien de espíritus muy materializados; es decir, de escasa evolución espiritual. Y dependiendo del estado de cada persona así será el carácter de esta influencia.

¿Influyen los espíritus en nuestros pensamientos y acciones? “Su influencia es mucho mayor de lo que creéis, porque a menudo son ellos quienes os dirigen”

Para que se pueda producir la obsesión, sea del tipo y en el grado que sea, es imprescindible que haya un punto de conexión entre el obsesado y el obsesor, algo que facilite el enlace entre ambos. Y este punto de conexión siempre tiene su raíz, de una u otra forma, en los valores negativos e inferiores del espíritu, es decir, en su imperfección moral.

La Tierra, debido a su actual estado evolutivo, es todavía un mundo de orden inferior, que denota la precariedad de las conquistas espirituales del hombre. Una gran mayoría de sus habitantes es de una condición moral baja que, al desencarnar, continua con los mismos gustos, vicios y pasiones que tenía en la vida física.

Vivimos en este tiempo, más que nunca, inmersos en un universo en el que no hay fronteras entre la dimensión física y la dimensión espiritual, donde éstas coexisten y se interpenetran constantemente, produciéndose un intercambio permanente de energías, de vibraciones… en que la mente, tanto de encarnados como de desencarnados, genera constantemente pensamientos, atrayendo a otras entidades de acuerdo con la calidad moral de que se revisten los mismos y sintonizando con aquellas otras mentes que se mueven de la misma frecuencia y franja vibratoria, uniéndose dichos pensamientos, tanto si son buenos o malos, con aquellos otros pensamientos de las mismas características, que refuerzan y fortalecen, de esta forma, la psicoesfera mental de cada uno de nosotros.

Cualquier pensamiento, cualquier deseo, cualquier acción nuestra, por muy rápido que se produzca, siempre ha sido primero elaborado por nuestra mente. Es decir, cuando realizamos cualquier acto, no hacemos sino confirmar aquello que ya existe mentalmente en cada uno de nosotros, por lo que se puede afirmar que el pensamiento expresa la propia esencia de la persona. En definitiva: somos lo que pensamos y respiramos el clima psíquico que nosotros mismo vamos formando. Haciendo un paralelismo con el conocido refrán que dice: “dime con quién andas y te diré quién eres”, se podría decir también desde el conocimiento espírita “dime lo que piensas y te diré que compañías espirituales tienes”. Como consecuencia, tenemos que ser conscientes y asumir que los espíritus nos rodean por todas partes nos influencian de múltiples maneras, de modo que podemos encontrar en esta influencia desde la actuación beneficiosa y saludable de los buenos espíritus que nos ayudan y aconsejan, hasta entidades espirituales que nos pueden hacer daño y perjudicarnos. Así, pues, cuando estas influencias adquieren ese carácter negativo al punto de condicionar y modificar la vida de las personas influenciadas, estamos hablando de obsesión espiritual. Por lo tanto, podemos definir la obsesión como “la influencia o acción negativa que un espíritu ejerce sobre otro.

Se describen tradicionalmente, y en todas las corrientes espiritas, tres clases o niveles de obsesión en dependencia de la simbiosis que la entidad obsesora ha conseguido con su victima, a saber:

Obsesión Simple

Hace referencia a sutiles y difícilmente detectables influencias, que por su sencillez no debe de ser interpretada como un efecto menos nocivo. Se presentan en la contaminación, por contagio, de estados emocionales nocivos o incluso conductas de la misma naturaleza. Responsablemente, deben descartarse estados químicos del campo de la psiquiatría. Dentro de la obsesión simple podríamos categorizar varios niveles de gravedad, difícil de estandarizar ya que dependen del grado de afección a la víctima de esta clase de obsesión. Son suceptibles a esta clase de obsesión la práctica totalidad de personas, la doctrina espirita nos habla de porcentajes elevados de la especie que fueron alguna vez objeto de esto.

Obsesión por Fascinación

Muy habitual en practicantes de ocultismo, medios espiritistas mal obrados o elementos pseudo-espirituales riesgosos (del tipo Ouija, Mesa Parlante, o ciertos campos de la Parapsicología). También común casi al 100% en cultos o sectas de naturaleza espiritualmente aberrada, en particular aquellas que implican actividades sexuales bajo control.

En esta modalidad de obsesión la entidad muchas veces ignora el elemento de discreción que sí emplea en otras modalides. Por el contrario, la entidad perturbadora (o entidades aún peores, de naturaleza más desnaturalizada) se hace tangible de algún modo y penetranta la conciencia a traves del efecto de la fascinación. Cuando la víctima se da cuenta del desorden psíquico producido, los efectos en su vida, y las consecuencias referidas a todo ello, ya el grado de simbiosis es tal que merece la intervención de un médium para abortar este nocivo nexo espiritual.

Las víctimas tienen siempre un perfil poco formado y disciplinado en estas materias, ya no digamos en la doctrina espírita, siendo (al contrario del médium) fáciles de impresionar por pequeños trucos de espíritu sin ocupación; esta impresión desmotivada (sin motivo, el morbo, la diversión) es antesala de esta clase de obsesión, la segunda más peligrosa de todas; pues cuan mayor ha sido alimentado el vínculo, mayor simbiosis con la entidad o grupo de entidades perturbadoras. Es de suponer que, a su vez, a mayor simbiosis, mayor dificultad posterior para el médium deshacer el enredo.

La Obsesión por Subyugacion

Es la versión mas agresiva de la obsesión, aquí la entidad acude a la persona, muy lejos de las formas disimuladas o sutiles previas, en forma de un auténtico agente agresivo. Dentro de este campo, pese a que la Doctrina Espírita Europea pueda obviarlo debido a las diferencias existentes entre Europa y América, podemos situar a aquellos agentes agresivos deliberadamente enviados por una persona a perjudicar gravemente la vida de otra.

En este nivel de obsesión la persona sufre los golpes de la entidad en numerosos aspectos de su vida, generalmente con no poca contundencia. E incluso en grados más amplios, la entidad puede coparticipar en las decisiones conscientes de un ser humano. Mas allá de un fenómeno de inspiración  (mas propios de las dos modalidades previas), la entidad lo hará sometiendo la voluntad de su víctima. En esta clase de obsesiones se pueden dar casos de “víctimas grupales”, habitualmente dentro del límite hogareño, dando lugar a la obsesión de familias enteras. En fases de obsesión más avanzadas de esta modalidad, incluso pueden darse casos de posesión.

 

La misa de recogimiento

Es la labor mediante la cual, en el Espiritismo Cruzado, se trata de identificar, diagnosticar y solventar los casos de obsesión espiritual. Hoy en dia pareciese que cualquier médium puede realizar o incluso presidir este tipo de labores, en nada y menos se ofrecen labores de esta naturaleza por doquier. En el mejor de las circunstancias la persona sale tal como entró, en el peor la entidad ha terminado por ofrecer un rato desagradable a su víctima e incluso a los médiums.

Si bien es cierto que para desarrollar una labor de recogimiento es necesario un factor previo que haya determinado esa necesidad (habitualmente una misa de investigación, pero también algún oráculo religioso afrocubano), tambien lo es que el médium que lo ha prescrito debería tener la responsabilidad de llamar a médiums más especializados en este tipo de labores, si él no se ha enfrentado a estos casos con la suficiente profundidad para tomar soltura.

La misa de recogimiento consta de varias partes. En primer lugar del llamado a las entidades perturbadoras, en segundo lugar de su evangelización: de tal forma que víctima y verdugo puedan verse liberados. En otros casos donde esta labor ideal es imposible de realizar, la expulsión por la fuerza suele ser el metodo más común: muchas veces realizado no ya por los médiums, sino por entidades de labor y elevada intención que actúan a traves de éstos durante el fenómeno de trance.

La expulsión, por la vía que fuere ya sea envangelizadora o de otra naturaleza, no significa la mayoría de las veces que los fluidos perturbadores (que son los que causan los trastornos, enfermedades o involuciones en la vida del obsesado) se vayan. De un modo idéntico, sacar comida podrida de la casa no significa que lo que realmente molesta, su hedor, se vaya al instante. Durante las misas de recogimiento hay varias etapas de limpieza al paciente, por tramos, que se diferencian mucho de las habituales de la misa de investigación: tanto en forma como en la profundidad de la eficiencia.

A menudo, a todo esto, se incluyen consejos de los guías a los pacientes para persistir estas limpiezas por su cuenta durante los días posteriores. En estos momentos, los guías personalizan remedios que vibran con la naturaleza singular de la persona y son métodos concretos para ella, se percibirán como particularmente útiles en comparación a las medidas masivas que no tienen por qué actuar igual sobre todos los astrales.

 

El Bembé: cajón al muerto

El Bembé, la cultura del tambor o cajón, los cantos y coros y los bailes siempre han estado en la Cuba de la esclavitud inmersa en Haciendas o Palenques. De hecho, fue durante esa época que las autoridades españolas prohíben los tambores y éstos son rápidamente sustituidos por los “cajones peruanos” (no confundir con el cajón flamenco español) de un modo improvisado pero eficaz. Para salvarnos un poco de todo el material histórico sobre la esclavitud de Cuba, diremos que tras ser uno de los dos últimos enclaves esclavistas de América finalmente la abolición de la esclavitud es total y legal en el 1886.

Los movimientos que esto produce permite que esa rica cultura musical socio-religiosa muchas veces, la cultura del Bembé, pase a los barrios populares de diferentes ciudades cubanas. Muchas veces coincidiendo con el traslado, a su propio entorno, que los negros iban realizando del Espiritismo Europeo practicado por los blancos españoles en sus salones. Como bien sabemos de ahí surge el Espiritismo Cruzado, un Espiritismo raptado que es inyectado del las practicas negroides en lo que a culto a los antepasados se refiere. Más también entró el Bembé, como rasgo único y singular frente al Espiritismo propiamente dicho.

Hay veces, por diferentes motivos, que se prepara una fiesta para un espíritu o conjunto de espíritus donde da lugar un toque de cajón acompañado de cánticos, buen humor, bailes, e inmensas ofrendas a los espíritus. Pese al ambiente festivo de estos eventos, el cariz espiritual/religioso no es olvidado bajo ningún momento y esto obliga al respeto de ciertas normas tradicionales que los asistentes respetan para permitir tanto el buen funcionar del evento así como su desarrollo armónico. El baile, el ritmo, los despojos, el canto frenético, mezclado con la posesión de los espíritus que llegan a disfrutar de ese encuentro festivo entre los dos mundos, que permitirá la asistencia de los espíritus a los encarnados (a través de consejos, enseñanzas o intervenciones directas en diferentes problemas) y el propio disfrute de los espíritus a causa de todo el contorno profundo de la fiesta que el encarnado ofrece en su honor.

Aniversarios, acciones de gracias, que alguna entidad lo haya solicitado: las razones son muchas. Suelen ser eventos festivos relativamente frecuentes, si no lo hace “Pepe, lo hace Juan”, por el motivo que sea, por lo que siempre hay “un cajón al que acudir”; sea propio o ajeno, en esta sociedad religiosa que mantiene (o debería mantener) sus propios códigos y buen funcionar.

 

La Coronación Espiritual

Fruto de la evolución constante del sistema de Espiritismo Cruzado, surgió en algún momento del ya entrado S. XX la costumbre de la Coronación. En muchos casos como un paso obligatoriamente previo a la coronación del santo, y aunque no tenemos elementos para contradecir esto, vamos a hablar de la coronación desde un punto de vista personal.

La coronación espiritual es concebida como la fijación definitiva de un médium probado que, al menos en nuestra lógica, ha debido pasar por una etapa de desarrollo previo. Existen personas que consideran que, debido al efecto determinador de esta misa (similar a la de investigación) es aprovechable para comunicar su cuadro, determinarlo y fijarlo mediante la coronación ¡todo en una! Algo que nosotros respetamos, más no compartimos.

Consideramos que previo a este paso se han tenido que dar una serie de misas de investigación que desenvuelvan el cuadro espiritual, y que durante este trayecto la persona ha de completar un circuito de desarrollo (personal y en misas de desarrollo, anteriormente descritas) que le permita una evolución acorde al climax que supone la Coronación Espiritual: evento en el que se determinará su guía principal, y en jerarquía los demás que yacen bajo su coordinación  (pues es “la cabeza quien lleva al cuerpo”). Del mismo modo el “efecto imantado” de las labores de coronación podría atraer entidades perturbadoras y acercarlas más a su víctima, volviendo su yugo mas sufrible. Cosa que evitamos con un periodo previp en el que, ademas de todo el desarrollo y aprendizaje, tenemos no pocas oportunidades para detectar estos elementos nocivos y tratarlos como debe.

El número de misas de investigación previas necesarias, pese a que sabemos que existen religiosos que tratan de determinarlo (situandolo entre dos o tres) en nuestra opinión dependerá de la complejidad del cuadro de una persona: pudiendose dar casos variados, no dudamos que la mayoría se encuadren en esta regla, pero nos parece arriesgado convertirlo en norma.

El resultado de la Coronación Espiritual, por fin, será el de la fijación de los espíritus en su astral de un orden armónico y benéfico comenzando en orden (su guía principal, el primero) y “cerrando” después ese astral de tal forma que existan beneficio protector frente a cierto tipo de influencias nocivas que pudieran presentarse en el futuro.

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