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Los Gangá de Pericó

35531162Autoria extraída de Ediciones Maiombe

 

El único núcleo que en Cuba aún conserva parte del acervo cultural de alguno de los pueblos de la Costa de Granos se encuentra localizado en la pro­vincia de Matanzas, en la localidad de Perico. Ellos se autoidentifican como gangá longobá y se hallan relacionados con la figura de una mujer: Linda Diago.

Linda era bisnieta de una africana que pertene­ció a la dotación de esclavos del central matancero Santa Elena, propiedad de la familia Diago. De la bisabuela la memoria colectiva no guarda siquiera el nombre, unos la recuerdan como Rosario y otros como Josefa; en cualquier caso gangá era el apellido que evoca su origen, hasta que con la abolición de la esclavitud muchos libertos adoptaron el apellido de sus antiguos dueños. Linda conserva el apellido por línea materna, pero de ella misma no es mucho lo que se ha preservado. Ya era una mujer de más de 80 años, que había padecido una apoplejía, cuando fue entrevistada por primera vez por el equipo del Departamento de Investigaciones Fundamentales del CIDMUC.[1]

Tratando de unir los datos de esa entrevista con los recogidos en entrevistas posteriores a personas que la conocieron,[2] intentaremos reconstruir la his­toria. Veamos…

La genealogía

Sabemos que Linda fue entrevistada en 1982 cuando contaba con 82 u 83 años. Sabemos por su testimo­nio que su bisabuela falleció a los 108 años de edad y sabemos también que Linda aprendió con su bisa­buela los quehaceres religiosos: «Así es que cuando la abuela mía iba para el cuartico de los santos nos llamaba, y en seguida yo estaba con ella en el cuar­to, así que lo que yo aprendí, lo aprendí con la vieja africana…»[3]

En una entrevista[4] realizada a Magdalena Herrera, una de las principales figuras del culto religioso en la actualidad, nacida en 1929, ella afirma no haber conocido a la bisabuela de Linda.

De todo lo anterior podemos deducir, primero, que Linda nació hacia 1900-1901; que si aprendió algo de las prácticas religiosas con su bisabuela esto debió ocurrir cuando ella contaba como mínimo en­tre 7 y 10 años de edad; que si Magdalena Herrera no conoció a la bisabuela, esta debió morir cuando Magdalena contaba con 4 ó 5 años de edad como máximo; por tanto, la bisabuela habría fallecido entre 1907 y 1935, y nacido entre 1800 y 1826.

En base a estos datos buscamos en el Registro Civil de Perico el acta de defunción de alguna perso­na llamada Rosario o Josefa Gangá o Rosario o Josefa Diago en el período comprendido de 1900 a 1935 y encontramos sólo un documento que pudiera co­rresponder al de la bisabuela de Linda. Se trata del acta de defunción de una Josefa Diago, morena, natural de Africa, soltera, jornalera, vecina de Perico, madre de dos hijos: Pascual y Rosario, fallecida a los 100 años de edad, el 30 de mayo de 1907.[5] La posibilidad de que esta Josefa Diago sea la misma bisabuela africana de Linda la confirma el testimonio de la última, como veremos enseguida.

En la entrevista[6] realizada a Linda ella afirma que en algún momento, después de la abolición de la esclavitud, la bisabuela africana se estableció en Perico, en una casa de la calle Clemente Gómez, donde nació y creció Linda, y que la bisabuela tuvo sólo dos hijos, un varón y una hembra, tal y como aparece en el acta de defunción. Su hija era la abuela de Linda. Magdalena Herrera recuerda que a la abuela le decían Yeyé. Es probable que su verdadero nombre fuera Rosario, como refiere el acta de defunción, y que en la memoria colectiva se confunde con el de la bisabuela africana.

No se conoce con exactitud cuántos fueron los hijos de Rosario o Yeyé. Tenemos referencia sólo de dos: Angela, la mayor, y Aniceta. De Angela conoci­mos que tuvo cinco hijos de un primer matrimonio, los cuales llevan todos el apellido Diago, y entre los cuales la mayor de las mujeres es Linda. Angela tuvo además dos hijas de un segundo matrimonio, que llevan el apellido del padre.

Linda, por su parte, contrajo matrimonio a los 17 años con Alfredo Corbea, con quien tuvo seis hijos, tres varones y tres hembras. Ella es heredera no sólo del apellido de su bisabuela, sino de una serie de objetos o piezas religiosas, que representan los ancestros, espíritus, fuerzas de la naturaleza o deidades a las que. rendían culto sus antepasados. Estos objetos (piedras fundamentalmente) se con­servan en soperas que se exponen, únicamente los días en que tiene lugar alguna celebración ritual-festiva, en un altar, cubiertas por telas.

Estas piezas, que marcan a Linda Diago como la heredera de las tradiciones de su bisabuela, ocupaban en casa de esta última un lugar privilegiado, pues les estaba reservado un cuarto para ellas solas, el «cuartico» al que acudía Linda cuando la bisabuela la llamaba. Linda y sus descendientes se refieren a estas piezas como los santos, pues los ancestros, espíritus, fuerzas de la naturaleza o deidades que pudieron haber repre­sentado originalmente han sido «sincretizados» con los santos de la religión católica.[7]

Linda refiere que la bisabuela le enseñó a la abuela el cuidado de las piezas, y posiblemente también sobre el culto. Así, cuando la bisabuela murió, los santos pasaron al cuidado de su única hija: «Ella [la bisabuela] se murió de 108 años, se quedó [con los santos] la abuela mía, la mamá de mi mamá.»[8]

En algún momento los santos pasaron al cuida­do de Angela, y cuando ésta murió los heredó su hermana menor, Aniceta, quien a su vez los legó a la hija mayor de su hermana, Linda: «y aquí estaba, y fue que se murió mi mamá, y yo estaba criando unos muchachos, y los santos vinieron para acá. […] Después yo vine cuando la dueña de aquí, que era her­mana de mi mamá se enfermó, que le decían Aniceta, porque ella decía que esto era mío, entonces al traer los santos para acá, cuando ella se enfermó que murió, yo vine para acá también.»[9]

De esa manera los santos fueron trasladados a la casa donde se encuentran en la actualidad, en la calle San Juan, lugar al que Linda se mudó tiempo después, y que aún es habitado por sus descen­dientes.

Como vemos, la herencia religiosa se transmi­tió de forma matrilineal, de madre a hija mayor, pa­sando a veces por la hermana menor de la madre, al igual que ocurre entre los sherbrobullom en Sierra Leona: «la estructura de la familia consanguínea entre los sherbro parece haberse formado en base a un sistema de descendencia matrilineal. […] Hall, que escribió en 1937, describe un sistema de parentesco basado en el matriclán, o ram, del cual se pueden rastrear descendientes en línea femenina desde los primeros pobladores del país.»[10]

Regresemos a Perico. A la muerte de Linda, en 1986, la herencia matrilineal se vio interrumpida. Esto se debió probablemente a que quien realizó los rituales habituales cuando muere una personalidad de un culto mágico-religioso no fue una persona perteneciente a la familia Diago, pues Linda, a dife­rencia de su bisabuela, no enseñó a nadie los que­haceres religiosos: «la abuela mía sí enseñaba [se refiere a la bisabuela] porque la gente de antes no son como los de ahora, porque sabe que los mucha­chos de ahora son muy relambíos…» Por otra parte, Linda pensaba que cuando ella se muriera su heren­cia materna debía irse con ella: «Yo le tengo dicho a la gente que el día que yo me muera, que se coja todo y que se bote […] porque no hay quien lo va a coger».[11]

Así, quien condujo las ceremonias al morir Linda fue Armando Zulueta, un prestigioso santero de la región, perteneciente además a la familia de los arará[12] del pueblo. Al parecer, en la consulta a los oráculos sobre el destino de los santos que Linda tenía a su cuidado, resultó que estos no quisieron irse, y así pasaron al cuidado de Humberto Casanova, Cuco, nieto de Linda, el actual respon­sable.

Pero Humberto,[13] aunque fue criado por Linda, sabe muy poco acerca de los quehaceres religiosos, por lo cual Magdalena terminó haciéndose cargo de ellos. De modo que la dirección del culto quedó, nuevamente, en manos de una mujer.

[1] La entrevista fue realizada por María Elena Vinueza. Fondo: grabaciones in situ (GIS), cinta # 23, 1984, Departamento de Documentación, CIDMUC, La Habana. En lo sucesivo nos referiremos a esta entrevista por la Institución, fondo, número y año.

[2] Realizadas por la Autora. Estas entrevistas se hallan en un Archivo Personal, al que nos remitiremos por: AP, Nombre del entrevistado y año.

[3] CIDMUC, GIS, N° 23/84.

[4] AP, Herrera, M, 1997.

[5] Registro Civil de Perico, Tomo 13, Folio 477.

[6] CIDMUC, GIS 23/84.

[7] Se trata de un proceso análogo a lo ocurrido en la santería, religión de antecedente yoruba, una de las más difundidas en Cuba. Al respecto ver N. Bolívar: Los orichas en Cuba. Ediciones Unión, La Habana, 1990, p. 24.

[8] CIDMUC, GIS, N° 23/84.

[9] Ibíd.

[10] M. McCulloch: ob. cit., 1950, p. 79. Esta es otra de las razones que nos inclinan a considerar a los gangá longobá como descendientes de los nongoba, pertenecientes a la subrama sherbro-bullom.

[11] CIDMUC, GIS 23/84.

[12] Arará es el nombre que se les dio en Cuba a los esclavos adjá-fon. Sus creencias y prácticas religiosas se conocen bajo el nombre de Regla Arará.

[13] AP, Casanova, H, 1996.

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