Mayombe

La Madre Nkisi

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Se entiende por Madre Nkisi o Yaya a aquella mujer consagrada en grado de sacerdocio, superando de ese modo la condición de Nguello que confiere el rayamiento a cualquier persona, sea hombre o mujer. Sin embargo, en el caso de una mujer, y cuando del Palo Mayombe se trata, existen una serie de limitantes y características que deseamos tratar en esta ocasión. Además, queremos hacer un poco de justicia en contraste de algunos religiosos que han supuesto o haber parecido indicar que en el concepto de “características especiales” se esconde un grado de infravaloración en el papel de la mujer dentro del culto; aquí deseamos arrojar otro enfoque distinto.

Para comenzar, debemos aclarar que la presencia de la mujer (de la Yaya, no de cualquiera) es indispensable para la ejecución de un Rayamiento. Del mismo modo que un hombre no puede nacer emanado únicamente de la presencia masculina, del Rayamiento (pensado como una ceremonia iniciática, y como todas con un efecto que diría Frazer “de muerte y renacimiento”) no pueden surgir sino es a través de la operatividad “masculina/femenina”, “positiva/negativa”: de un modo idéntico, la Nganga en su dinámica, siendo como es un “mundo en pequeño” es una confluencia de fuerzas antagónicas dispuestas de tal forma que sean complementarias: masculino-femenino, positivo-negativo, alto-bajo, etc… la maestría a la hora de componer una Nganga es el equilibrio de todas las fuerzas de tal modo que su conjunto sea bien-funcional y eso le permita la eficacia conocida, bajo la autoridad de su Tata (o Yaya) cuando éste es correctamente instruido en su labor.

Por tanto, sin la mujer esta religión no pudiese existir. La propia infravaloración de la mujer dentro del Mayombe es negar de facto el funcionamiento del Mayombe y una infravaloración a sus principios de existencia.

Por motivos históricos y relacionados con el propio rol de la mujer, no ya en Mayombe sino en la propia vida y su naturaleza, ciertamente la mujer tiene unos limitantes que ahora pasamos a ennumerar.

1. La mujer no conduce rayamientos. Una Yaya no está autorizada para rayar a una persona, más sin embargo esto no significa ni que no pueda encabezar un Munanzo, ni mucho menos que no pueda poseer ahijados. En esos casos, suele ser un Tata facultado (habitualmente el Bakonfula de ese Munanzo que dirige la Yaya en cuestión) quien conduzca el Rayamiento sobre la Nganga principal del Munanzo; que, lógicamente, será propiedad de la Madre Nkisi.

2. La mujer no construye Ngangas. Lo cual podríamos verlo como una extensión del primer punto. Hay elementos de la Nganga durante la fabricación “de su secreto” (al fondo del recipiente) que una mujer no debe de tocar, por el motivo de que la mujer está facultada y orientada a dar la vida; esto la sitúa, astralmente, en una vibración contraria a ciertos elementos y ceremonias necesarias para la correcta construcción de una Nganga. Esto no únicamente es una usanza de las religiones afroamericanas, dentro del ocultismo occidental europeo se entiende y tienen en cuenta la naturaleza e idiosincrasia de la mujer en este sentido frente a ciertas circunstancias. En no pocos movimientos y sociedades ocultas, comenzando por aquellas de linaje Rosacruz como la afamada Golden Dawn, entienden a la mujer de una manera en “su estado natural” y de otra cuando (en palabras de dicha sociedad secreta) la mujer, alcanzado o no el grado de adepción, ingresa en su fase mercurial; en palabras profanas, deja de menstruar. Las implicaciones son obviamente distintas, pues las prácticas y campos de paradigma son distintos, pero coincide la visión esotérica de la mujer como un elemento dador de vida y por ende una posición astral particular en comparación al hombre que la facilita ciertas cosas y la dificulta otras.

3. La mujer no opera NADA religioso durante su menstruación. Otra derivación, en este caso del punto dos. Muchas mujeres, y alguna de ellas asentirá con la cabeza al leerlo, habrán sentido irregularidades en su menstruación simplemente con la mera proximidad a una Nganga, los descuidos pueden desencadenar incluso peligros personales para la mujer en cuestión. El Tata debe de ser consciente de las medidas a tomar en caso de vivir en familia (esposa, hijas, hermanas…) y aislar correctamente la Nganga del perímetro de la mujer durante estos días. En el caso de la Yaya, que por muy Yaya no deja de ser una mujer, la lógica les llevará rápidamente a resolver que no puede operar religión a lo largo de estos días.

4. La mujer no realiza sacrificios. Costumbre nacida en la Cuba de la esclavitud, a través de la cual el Mbele (machete) es manejado por el hombre.

Hasta aquí hemos visto la explicación de algunos de los límites de la mujer con una explicación introductoria que, sin entrar en tratados ni material reservado, aspiramos sirva de mínima comprensión sobre la naturaleza de la mujer en el oficio del Palo Mayombe; no obstante, se han escuchado cosas, sobre todo por Internet, que no corresponden de ningún modo a la realidad y pasamos a enumerar algunas. Sabemos que es posible que existan algunas personas que no estén de acuerdo, indudablemente sobre todo aquellos Tatas que han afirmado estas cuestiones, y a pesar de que respetamos profundamente toda opinión les advertimos que antes de opinar en contra, traten de mencionarnos los tratados que respaldan sus afirmaciones, ejemplos históricos en Cuba donde se haya visto y demás documentación comprobable (pues se comprobará), más allá de una opinión subjetiva sobre la mujer, o “en mi casa se hace así” (muy respetable, pero no imperativo para todas las Yayas del planeta ¿no creen?), o “mi Tata dijo…” (todos tenemos Tatas y todos los “Tatas dicen”).

Afirmaciones incorrectas acerca de la mujer.

1. La mujer no puede consultar si hubiese un Tata para hacerlo. Afirmación falsa y únicamente entendible en casos donde la mujer en cuestión no tenga maestría en los oráculos del Palo Mayombe y se prefiriese a un Tata por su mayor precisión facultativa, caso idéntico a si fuese un Tata el experimentado y prefiriese que otro Tata más experto condujese tal consulta.

2. La mujer no puede plantar firmas. Si esto fuese verdad, la mujer no puede practicar la religión, pues sin firma y mambo en esta religión no puede hacerse nada.

3. La mujer no puede realizar trabajos. Me temo que cientos de Yayas históricas en los dos últimos siglos, de cual rama fuese, iban a poder dar una justa respuesta; sobre todo porque algunas de ellas pasaron a la memoria popular, ya no solo del Mayombe, sino de la afrocubanía en general a causa de sus proezas arriba Nganga.

4. La mujer no recibe “espíritus” y por ende no es posesionada. Tampoco existe ningún fundamento que pueda explicar este limitante, pues ya no sería un limitante religioso sino genéricamente humano. Sencillamente existen personas con esta facultad y otras no, y entre las personas de ambos casos indudablemente habrá mujeres y hombres.

Seguramente haya otras afirmaciones “atrevidas” con respecto al rol de la mujer dentro del culto, hemos expuesto algunas muy llamativas que no podemos compartir y que jamás hemos visto practicarse. Ciertamente, existía en la antigüedad la costumbre de no entregar fundamentos a la mujer hasta que ésta haya finalizado su periodo de fertilidad. Debemos admitirlo, pues es una política de la gran mayoría de Nganguleros hasta hace escasas décadas. Conocemos también que existen Nganguleros que aún mantienen esa política, porque sencillamente en sus linajes nunca cambió desde la época de la colonia española. Costumbre que, por cierto, está muy ligada al punto 3 de los limitantes reales que tiene la mujer en el culto. Sin embargo, también es cierto en el último medio siglo (puede que más) la evolución de muchos Munanzos han relativizado esta costumbre, considerando que con los suficientes cuidados que la mujer debe de mantener respecto a su menstruación, puede jurarse de Yaya y recibir un fundamento cuando existen razones verdaderamente fundamentadas que así lo justifiquen. Puede ser, de hecho muchas veces es así, que la reflexión de entregar algo así a una mujer se tome con especial gravedad y cautela: cuestión perfectamente respetable que algunos de nuestros mayores directos también hacen. Sin embargo, casas donde esto no han contemplado han parido Tatas que de la noche a la mañana, y bajo la única escusa de “la pureza histórica”, han instaurado estas reglas en sus recién fundados Munanzos, no sabemos si con la suficiente argumentación más allá de “hacer purezas y ortodoxias”, aún cuando en su cadena de linaje esto no lo han contemplado e incluso sus mayores directos son mujeres que han gozado de la recepción de un fundamento durante su etapa de fertilidad. Sintiéndolo mucho, pese a que respetamos lo que deseen hacer, no le encontramos lógica. Aquellos que mantienen una política heredada desde la antigüedad, solo podemos animarles a que la mantengan, pero en otros casos nos parece más un “postureo” que una comprensión genuina de los motivos y composición sociológica cubana de siglos atrás.

La Yaya Mariquilla o Madrina de Fundamento

 No podemos arrojar una opinión sobre este controvertido asunto de la Yaya (aún sabiendo que nos dejamos mucha tela por cortar) sin mencionar de forma especial este asunto. Dentro de un Munanzo, más allá del Tata principal dueño de la Nganga que preside el Munanzo, existen ciertos oficios… Bakonfula, Talankero, etc, pero también existe uno de vital importancia: el de Yaya Mariquilla, dependiendo el Munanzo a veces denominada Yaya Nganga o Madrina de Fundamento.

Este oficio dentro de una  casa religiosa es de vital importancia, dentro de un Munanzo podrán existir Yayas, claro está, más sin embargo la Madrina de Fundamento es LA Yaya de ese Munanzo. A ella le corresponden muchas cuestiones que no debemos mencionar en público, pero no podemos dejar de mencionar que para cumplirlos la Mariquilla es una Yaya extraordinariamente formada. En muchos casos, y pese a ser una “madrina” general para todos los ahijados de ese Munanzo,  se ocupará en particular de las cuestiones de las ahijadas y supondrá (tal vez junto al Bakonfula) el oficio de mayor importancia que exigirá la mayor confianza; no ya del Tata del Munanzo, sino de los fundamentos principales.

Receptora de muchos secretos, la Madrina de Fundamento, debido a su importancia, debe de arquetipizar correctamente la posición de una Yaya. Después de todo, representa tanto a su Munanzo como a su linaje (junto a otras homólogas del mismo linaje) y de ella se exigirá una actitud religiosa impecable, un buen cuidado de su familia religiosa y un correcto proceder, así como eficaz, en beneficio de la comunidad. Una Madrina de Fundamento es una cuestión muy respetada dentro de un Munanzo, pero esto lo permite (más allá de la ceremonia de consagración como tal) sus aptitudes.

Existen divergencias sobre este tema, emanadas todas ellas de costumbres distintas provenientes de diferentes Munanzos. Algunos establecen por tradición que la Madrina de Fundamento sea la propia esposa del Tata, más sin embargo otros relativizan este asunto a pesar de reconocer que lo ideal es eso. En tercer lugar, podemos destacar un tercer sector que ignora por completo esta cuestión. Al respecto, y manteniendo la obligación de nuestro espacio de tratar de ser imparcial para respetar usanzas diversas, consideramos que cada Munanzo debe de seguir la política preferentista de la casa donde haya nacido. Sin embargo, la cantidad de Madrinas de Fundamento que han sido mujeres o hijas del Tata principal nos hace entender que tal vez pudo ser ésta la usanza más tradicional en nuestra historia y que la emigración y dispersión de los núcleos hizo evolucionar este tema hasta su flexibilización.

También entendemos que hoy en día, desgraciadamente, no es difícil encontrar Tatas que funden sus propios Munanzos tras muy poca crianza a la sombra de sus mayores (lo que por cierto, hace decaer paulatinamente la trayectoria del Palo Mayombe). Esto genera ver frecuentes Munanzos dirigidos por muchachos jóvenes que no sólo no han contraído matrimonio, sino que ni si quiera están en una fase en la que se mantengan en una relación formal y  encaminada. En otros casos, sus matrimonios pueden ser con mujeres que no compartan en absoluto las inquietudes del Tata; en fin, muchos casos.

Hemos observado comportamientos extraños, de Tatas que han considerado que la mujer de un Tata ha de ser religiosa, que un Tata debe de tener una familia formada antes de “plantar bandera”, etc. Consideramos estas teorías un tanto inexactas, y las tomamos con cautela por ser alguna de ellas próximas a comportamientos sectarios.

Resumiendo…

La mujer hace más que alumbrar en un Munanzo, su posición es clave para varias ceremonias y todo en el universo nace fruto de la unión armónica de los opuestos. Es una ley de la naturaleza, y Mayombe no es otra cosa que Naturaleza, que se rige por sus leyes y emana de la atenta observación que hicieron sobre ella los que antes nos precedieron.

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2 pensamientos en “La Madre Nkisi

  1. excelente articulo mpangui…..una pregunta el grado o jerarquia de madre inkisi o padre inkisi sustituye el de tata nganga o yaya? es la misma jerarquía? o una madre o padre inkisi es una jerarquía menor al de un tata o yaya? se que en la rama del Santo Cristo del Buen viaje al dejar atrás el rango de nguello la siguiente jerarquía es de padre o madre inkisi y para poder convertirse en tata o yaya debe haber parido varias ngangas, este método o costumbre recientemente me entere de boca de un tata de dicha rama que lleva muchos años en ella, el afirma que nadie puede ser tata o tata si no a parido una cantidad de ngangas, a lo que no estuve de acuerdo con tal afirmación o nivelacion de jerarquia. Que opinas??? Nsala Malekum..

    • Buenas;
      No, nosotros no compartimos tampoco la visión de ese Tata SCBV, ni hemos conocido ninguna Orden del SCBV que fucione así. Las palabras Nganga e Nkisi suelen ser sinónimos en nuestra tradición. Un Tata Nkisi es un Padre de un Nkisi, también conocido como Nganga en nuestra tradición afrocubana.

      Sin embargo, algunos Munanzos otorgan el nombre de Tata Nkisi a un Tata, y el de Tata Nganga a un Tata que ya ha plantado bandera propia y dirige su propio Munanzo, con todas las licencias de sus mayores.

      No hay que olvidar que más que jerarquías son Oficios.

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