Mayombe

El Mayombe más allá de la Nganga: Naturaleza y espíritus

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Por regla general, cuando hablamos de la practica del Palo Mayombe siempre mencionamos su idiosincrasia como “un culto a la Naturaleza y los antepasados”, reconocemos que el eje central de dicho culto es el Nkisi o Nganga, pero presentamos (a menudo) la contradicción de limitarnos a ese eje. Para muchos practicantes iniciados el culto del Palo Mayombe es 100% Nganga, y a menudo resumido a su faceta “mágica” a pesar de que entendemos el Mayombe como un culto de naturaleza mágico-religiosa.

No estamos seguros de tener que tildarlo de error, pero sí creo que podemos afirmar que a menudo ofrecemos visiones parciales de la praxis, limitamos recursos y nos adecuamos a una enseñanza estricta y con poco margen.

¿Qué clase de Ngangulero no se mantiene en diálogo con la naturaleza? El diálogo con la Naturaleza es un sinónimo de la interactuación con los espíritus de sus polifacéticos elementos. Los motivos que pueden desprenderse, no únicamente serán operativos, sino también de culto; con el fin de producirse una alineación correcta entre el Ngangulero y la Naturaleza: la mayor expresión de Nzambia Mpungo que podemos entender, viéndole representado en la perfección de su obra. Lejos de imágenes doctrinales o textos (Biblia, etc) que poco, o nada, tienen que ver con nosotros.

Cada río, cada laguna, cada pozo, cada orilla de mar o acantilado posee espíritus (Nsimbi, espirítus vinculados a las aguas) con una cantidad enorme de sabiduría que ofrecer, por sus vínculos con el mundo de los ancestros. El basto conocimiento que de ellos desprende ilumina oscuridades de ignorancia que puede ni alcancemos a imaginar. De manera práctica, sus funciones en la salud, la prosperidad y la eliminación de perturbaciones de variada índole pueden ser sorprendentes.

Así mismo ocurre con las entidades que pueblan determinado tipo de árboles; la Palma, el Jaguey, el Laurel, Ceiba y otros muchos.

Cada entidad con sus gustos y sus propios disgustos, un Tata debe conocer el modo de entrar en contacto con estos fenómenos de tal forma que la conexión sea tan estrecha como con cualquier amigo corpóreo. Las presentaciones que se nos hace, en distintas plazas (monte, mar, río, cementerio, etc), antes de ser Rayados en Nganga sólo persiguen, precisamente, ser reconocidos por este tipo de entidades cuando regresemos con la suficiente jerarquía arriba de Malongo (Naturaleza) como para manejarnos con nuestra propia identidad. No son entidades, pues, para las que seamos otro “como cualquiera”, los Mbozos que nos realizan sobre el cuerpo durante la ceremonia de iniciación, están pensados de tal manera que representen símbolos astrales que percibirán… ¡pero no solo una Nganga, o un perro de prenda en XXX toque de Mayombe o plante! También el resto de fenómenos que pueblan nuestra cosmología: créanme que mucho mas rica de lo que a menudo se pretende hacer ver.

¿Sabía usted que cada territorio posee espíritus guardianes?

Francamente, importa muy poco si usted vive en un monte perdido en la nada o en la urbana gran ciudad de New York: una creencia muy extendida entre los pueblos africanos de diversa índole es que los lugares poseen entidades guardianas que las administran, como nosotros los seres humanos poseemos antepasados, de algún modo los lugares poseen sus “antepasados”; creencia que por supuesto llegó al nuevo mundo. Una aproximación europea podríamos encontrarla en el concepto romano del Genius Loci, o bien en el concepto báltico del Domovói.

El que escribe, ha podido observar lo que sus propios mayores hacían (o consideraba que debía hacerse) al mudarse a una ciudad nueva, o bien acudiendo a una nueva ciudad por un periodo medio de unas semanas por algún asunto laboral o de negocios; asegurándose de ese modo la protección y el desenvolvimiento, gracias a la buena voluntad de las entidades administradoras de un nuevo lugar.

¿Sabía usted que los elementos de la naturaleza poseen sus propias entidades?

En realidad unas firmas, unos cuantos elementos más y un buen conocimiento sobre las preferencias de las entidades de un lugar, sacan al Ngangulero de su propio fundamento para ponerlo a trabajar en cualquier lugar en el que se encuentre. Muchas veces nos limitamos de una manera, que olvidamos que cuando hablamos de Nzazi hablamos del fuego y del rayo, cuando hablamos de Kalunga, hablamos del mar: en muchas ocasiones no es necesario una Nganga de 7 Rayos o Madre de Agua, la propia tormenta y el propio mar es per se Mpungo, y en él gravitan espíritus afiliados a dicha fuerza divina de la naturaleza. Espíritus que, con los conocimientos necesarios y la maestría adecuada, pueden ser trabajados. En definitiva, ya que decimos que una Nganga es un mundo en pequeño (gran verdad), a esto deberíamos añadirle que: el mundo es una gran Nganga.

El Tata, con sus propias consagraciones y producto de la licencia que ha recibido producto de éstas, si está capacitado con los conocimientos necesarios y tiene la experiencia práctica suficiente, puede también manejar esa “gran Nganga”, la naturaleza y su ecosistema, con la misma eficiencia que su fundamento. Muchos Tatas, por razones propias de limitación paradigmática, o bien por una educación religiosa insuficiente limitan el Palo Mayombe a un sistema exclusivamente mágico desarrollado a través de la Nganga; cuando esto no está limitado a ese margen, por el contrario: el Palo Mayombe comulga con toda la naturaleza, la naturaleza posee un carácter polifacético abismal, y supone este culto un fenómeno religioso de identidad propia: no un mero (y a veces estúpido) sistema puerilmente hechiceril.

La comunión y armonización con la naturaleza como la mayor expresión de culto a la divinidad, el culto a los antepasados y el desarrollo interno (mental y espiritual) son los “tres ángulos” del Palo Mayombe; y sí, efectivamente, resultado de todo esto damos como resultado un sistema mágico cargado de una fuerza de potencia abrumadora que puede ser utilizada para el bien nuestro y de los nuestros.

¿Qué sabemos de los antepasados?

En lo que el que escribe, considera personalmente una especie de “africanización” de las últimas décadas del, no olvidemos que afrocubano, sistema del Palo Mayombe; hemos ido acuñando poco a poco el término Bakulu como denominativo plural para definir a los antepasados, siendo Nkulu su singular. Otros denominativos bozales como Ñanfuiri (Ña-Nfuiri, espíritu antiguo, espíritu respetado) personalmente las considero más autóctonas del fenómeno de la afrocubanía: al menos situándome en mi propia crianza: pero como los idiomas, al fin y al cabo, se hicieron para entendernos voy a utilizar “Bakulu” como denominativo común para esta ocasión.

¿Qué entendemos por antepasado? Por antepasado entendemos un alma poco corriente, ya que por méritos propios ha alcanzado un estado de evolución que le permite co-administrar, junto a los demás antepasados, la corriente ancestral de una familia asegurándose (desde su elevada posición) el bienestar y el desenvolvimiento de los descendientes consanguíneos encarnados. Dentro del paradigma religioso afrocubano, y en este termino importa bastante poco si nos referimos a Mayombe u Osha (Santería Cubana), entendemos que esta confluencia ha de ser recíproca… asumiendo así un culto puramente criollo y con fuertes elementos europeos (el espiritismo) dirigido a los antepasados.

Sin embargo, debemos hacer una pausa y referirnos aquí a una añadidura esencialmente importante sobre el concepto de Bakulu de los consagrados en Mayombe. Como hemos visto en otros artículos, en el momento del rayamiento el iniciado entra dentro de una corriente que hemos denominado linaje, a través del Astral Superior del Munanzo al que pertenece. Aquellos Nganguleros (Tatas y Yayas fallecidos) que por su evolución y honorabilidad han sido admitidos a ingresar en Bakulu una vez difunto, siempre y cuando se hayan cumplimentado todos los ceremoniales funerarios cuya naturaleza es IMPRESCINDIBLE, cumplen idénticamente una función importantisima como antepasados religiosos.

Todo Tata sabe perfectamente que antes de abrir un juego, una consulta o lo que fuese dentro de nuestras prácticas; da inicio una especie de letanía que denominamos mabungar o mbondar… donde, entre otras cosas de importancia para él, se pide la licencia a una serie de Tatas y Yayas de vinculación directa por linaje ¿Por qué sucede esto? Como en otros cultos de origen africano, el antepasado cumple la función de intermediario entre las fuerzas divinas y la humanidad. Digamos que su posición mucho más elevada le hace un mejor captador de las irradiaciones y emanaciones de fenómenos de capacidad superlativa o incluso de la propia divinidad (Nzambia Mpungo). El Tata se ganará el favor de sus antepasados, con un comportamiento religioso honorable (de idéntica manera, será castigado por los mismos cuando este comportamiento viole las máximas ancestrales del culto) y, además de todo, les llamará antes del inicio de cualquier procedimiento para que ellos permitan la licencia que procurará la interrelación entre el “sacerdote” (el Tata, la Yaya) y los fenómenos intangibles de nuestra cosmología.

Aquellos defensores a ultranza de las vertientes netamente africanas de los pueblos Bakongo de África, los que por cierto a menudo olvidan que nuestro culto procede de Cuba y no de África, han afirmando con limitado conocimiento que el Palo Mayombe afrocubano carece de un sistema práctico de culto a los antepasados. Incierto. El autor no duda en absoluto que algunas casas hayan olvidado por completo determinadas praxis y costumbres heredadas de nuestros mayores en Cuba, de padrino a ahijado, en los últimos tiempos y ya desde los tiempos coloniales. Sin embargo, la afirmación de que “El Mayombe afrocubano ha…” afirma que el conjunto del culto ha olvidado estos procedimientos: y desde luego esto no es cierto.

No son pocos los Munanzos y ramas que aún recuerdan en la memoria los árboles, los tratados, y las costumbres anuales en determinadas épocas del año donde los antepasados de linaje religioso y familiar individual reciben sus llamados, ceremonias y sacrificios. Realmente, máxime teniendo en cuenta el carácter criollo-cubano (y no africano) de nuestros ancestros religiosos, importa realmente poco si la metodología X de X aldea hambrienta de África coincide o no con la nuestra: como importa poco que existan métodos sincréticos entre creencias africanas y espíritas producto de un sincretismo natural del transcurrir de los siglos entre los esclavos. Pedimos la licencia de esos esclavos, sus descendientes en linaje y nuestros padrinos… no del Nfumo X de la aldea X (islamizada, por cierto) de África. Por ende, nuestros métodos serán los que nos han transmitido los directamente interesados. La funcionabilidad, la eficiencia y el carácter resolutivo de las prácticas de un Munanzo son las que, finalmente, demuestran el camino correcto seguido.

Aquellos Munanzos que han olvidado la importancia de los antepasados dentro de nuestro culto, deben simplemente reaprender los métodos y costumbres de sus propios mayores. Precisamente por el carácter insustituible de la figura del ancestro en la vida y religión africana, los esclavos y sus descendientes llegados al Nuevo Mundo lo tuvieron perfectamente en cuenta. Pienso que si en algún Munanzo ha ocurrido que “se les calló del bolsillo” algún conocimiento con el andar de las generaciones, su misión es la de volver atrás para recuperarlo: en este sentido, la figura de el mayor es imprescindible, pues él es el encargado de impartir los conocimientos y enseñanzas a sus ahijados y demás descendientes religiosos.

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