Mayombe/Otros Autores

Artículo de Natalia Bolivar – 3 y última parte

ngangaNKUYOS, KINI-KINIS Y CHICHEREKUES 

Para los congos, ngolas y sus descendientes cubanos, las tallas de madera, de rasgos toscos pero claramente humanos, en cuya base se coloca la carga mágica que los hace desplazarse en la noche para cumplir las órdenes de Tatas y Yayis, son temibles personajes que aparecen una y otra vez en la tradición oral.Para los creyentes de las Reglas de Palo, de tanto arraigo popular, sobre todo en las provincias de Pinar del Río y Matanzas, esas figuras fabricadas con ciertas maderas de propiedades especiales son espíritus que infunden pavor.Los kini-kinis de las Reglas de Palo equivalen a los chicherekúes de la Regla de Ocha o Santería. Su función principal es la de ser los ejecutores certeros de los mandatos de sus amos, cualesquiera que tales mandatos sean. Y la forma de prepararlos depende de la casa a la que van a servir.Las maderas que se utilizan para su confección son el cocuyo, el jobo, el matanegro (también llamado bejuco baracoa), el palo moruro, el palo ramón y el sabicú.Después de hecha la escultura, se la lava con ruda cimarrona, atipóla, ponasí, rompezaragüey y jobo. Muchos de los dueños de estos muñecos trituran las hojas de esas plantas en una palangana con agua de coco.Quedan entonces listos para recibir la carga mágica, que consiste de fragmentos pulverizados del nfumbe de la nganga de su amo, ciempiés, arañas, mancaperros, caballitos del diablo, grillos, bibijagua, camaleones, iguanas, aura tinosa, lechuza y murciélago. Con esta mezcla se rellena la cavidad que para ello se dejó en la base de la escultura.De acuerdo con el propósito para el que haya sido concebido, también se puede lavar la escultura con cocimientos que acentúen determinadas facultades. Así, la infusión de hojas de jobo le impartirá una fuerza sobrenatural, que posibilitará su traslado a enormes distancias; el de matanegro o bejuco baracoa les evitará contratiempos a la hora de desplazarse; el de palo ramón, se emplea para que el espíritu del nfumbe, que le dará movilidad y vida, quede bien “atrapado”.Una vez preparados, se les ofrece a los kini-kinis la sangre de un gallo y de un carnero, y se procede a adornarlos y vestirlos, tras lo cual se les sopla aguardiente, la tradicional chamba y humo de tabaco.Ya están “trabajados” y listos para obedecer los mandatos de sus amos. Atención: los kini-kinis deben vivir fuera de la habitación donde duermen sus dueños. Como son picaros y traviesos, pueden provocarles algún que otro susto en los momentos de reposo, haciéndoles cosquillas en los pies o hablándoles al oído. Y no se puede negar que esto, en la quietud de la noche, resulta impresionante. Tienen también estos muñecos la mala costumbre de chiflar y mover muebles; si se trata de sillones, son capaces de mecerse en ellos durante horas, a toda velocidad.Muchos descendientes de africanos recuerdan que por el año 1916, los religiosos afrocubanos fueron perseguidos con saña por las autoridades de la pseudorepública. Los dueños de esos entes mágicos los hicieron desaparecer entonces, escondiéndolos o enterrándolos para que no fueran descubiertos. Cuentan esos informantes que en los campos, en los solares abandonados, en ciertas zonas y barrios conocidos por su religiosidad, estas figuras continúan errantes, produciendo pánico en quienes se topan con ellas. Son aquellos kini-kinis cuyos amos murieron sin advertir de su existencia a familiares o cofrades para que les impidieran seguir deambulando sin que nadie controlara sus acciones. Numerosos Tatas y Yayis fallecen dejando a estos seres con un objetivo específico que ellos se empeñan en cumplir. Y así van pasando a poblar las leyendas y tradiciones de pueblos y campiñas, amedrentando a quienes los encuentran en cualquier noche oscura, en la soledad de un regreso tardío al hogar. No hay que ofender a estos espíritus, pues nunca sabemos qué intenciones tienen cuando se cruzan en nuestro camino

LA MUJER EN LAS REGLAS DE PALO

Para la mujer, fuente universal de la vida, eje de la familia, las Reglas de Palo, como muchas religiones así llamadas primitivas, tienen una serie de reservas y de exclusiones en sus ritos sacromágicos. Llamadas “ndumbas”, y de acuerdo a su jerarquía, Madres, Yayis o madrinas, ocupan un lugar secundario, no protagonice, en los ritos más importantes: la elaboración de las prendas o ngangas, las ceremonias de iniciación y la matanza de animales de cuatro patas. Es éste un fenómeno conocido y sufrido por mujeres de todo el mundo, que profesan cualquier religión, que parece querer aislar a la mujer de las prácticas que involucran, en gran medida, al mundo interior, a la espiritualidad.La Madre Nganga o Yayi llega a poseer prenda sólo cuando deja de menstruar; esta condición es tabú para todas las mujeres aún en edad de gestar. A las mujeres que han dejado atrás esa época de su vida, cuyas casas adquirieran una fama que ya es histórica, y que han tenido múltiples ahijados, les está prohibida sin embargo la acción de rayar, de iniciar a un aleyo. Esto está reservado para su padrino o, en su defecto, a su Bakonfula (mayordomo). El sacrificio de animales de cuatro patas (y, en casas ortodoxas, inclusive de animales de plumas) les está vedado, así como el montaje de una prenda. Ambos ritos les están reservados a los hombres, y a los mayores de esta manifestación religiosa. Las mujeres a quienes se les llama madrinas son aquellas que aún menstrúan y por ello, aunque estén iniciadas, no deben tener un íntimo contacto con las prendas, sobre todo en ese momento de cada mes.

Es preciso aclarar que las mujeres no pueden ser, bajo ningún concepto “perro de prenda”. Pueden, en cambio, recibir en un momento dado las vibraciones del nfumbe que habite una nganga, pero nunca llegarán a pasar o materializar a este espíritu con la fuerza con que éste se manifiesta cuando los Padres Nganga preparan a un iniciado.En el transcurso de nuestra investigación de campo, sin embargo, hemos encontrado casas que poseen “perros de prenda” que se materializan a través de una mujer. Aunque si los mayomberos ortodoxos realizaran determinadas pruebas, la incapacidad de los padrinos de la casa quedaría demostrada, así como la falta de seriedad de la casa en cuestión.Ya son motivo de leyendas tres famosas Madres Ngangas: Manga Saya, Ña Filomena y Ña Secundina. La primera fue una conocida cimarrona de la zona del central “Orozco” y las dos últimas lo fueron en Matanzas, donde hubo notables concentraciones de esclavos traídos del Congo y Angola.Manga Saya, esclava de las plantaciones del ingenio “Orozco”, fue famosa por su belleza, su porte de reina, y sus vastos conocimientos de las propiedades curativas de las hierbas. Era codiciada por amos y esclavos. Y el mayoral, quien tampoco la dejaba en paz, decidió darle un castigo, ya que sus requerimientos amorosos no daban resultado, y la condenó a un bocabajo público. Los negros quisieron también ser víctimas de este trato injurioso dado a su preferida, y escondidos, tramaron su huida a las lomas del Cuzco, lugar donde se refugiaban numerosos apalencados. Manga Saya logró escapar y huir por bosques y montañas, ríos y arroyuelos y se radicó en el palenque de la Sierra del Cuzco. Allí también había encontrado santuario un gran cimarrón llamado Juan Ganga, quien dejó su nombre impreso en esas lomas cerca del pueblo de Candelaria. Ella y Juan Ganga hicieron curas tan milagrosas por medio de las hierbas preparadas con el agua cristalina de los arroyos, que grande llegó a ser su fama y popularidad: hasta los rancheadores tenían temor de adentrarse en la zona de operaciones de ambos. Pero no obstante le remitían enfermos desahuciados, sobre todo a los que perdían la razón, ya que Manga Saya y Juan Ganga, tenían forma de curarles, valiéndose de las propiedades de las ceibas y los efectos del sol y la luna.

Veamos quiénes eran las no menos famosas Ña Filomena y Ña Secundina. Desde su Congo natal estas dos robustas mujeres fueron traídas como esclavas al ingenio “Santa Amalia”, fundado en 1853 en el pueblo de Cimarrones, muy famoso por ser sus bosques circundantes amparo para esclavos huidos. El pueblo de Cimarrones (actual Carlos Rojas en la provincia de Matanzas), fue fundado en 1765 y desde su fundación, a la orilla del camino real de La Habana a Santiago de Cuba, se hizo famoso por su población esclava que practicaba curas milagrosas por medio de las hierbas y hojas recogidas en esta fértil zona. De estas mujeres de mediados del siglo XIX dicen las leyendas que devolvieron la vida a hombres a quienes se daba por muertos, dedicándoles noches de rezos en lengua, de despojos y de órdenes para hacerlos regresar a la vida terrenal.Estas historias corren de padres a hijos y dan por ciertas las dotes curativas y de resurrección de Ña Filomena y Ña Secundina, dos grandes madres ngangas cuyas prendas fueron elaboradas por ellas mismas, a la usanza de su Congo natal. Rindamos merecido homenaje a estas mujeres que trajeron sus ritos sacromágicos y les dieron raíces en nuestra tierra del Caribe, dejando atrás el resentimiento producido por su condición de esclavas y de mujeres marginadas en las distintas manifestaciones religiosas afrocubanas

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