Mayombe

¿Qué puedo esperar de mi rayamiento?

FB_IMG_1456520949068Existe un cuento que escuché alguna vez a modo de relato, no sé si fue por televisión o a través de otro medio, pero pienso que puede servir muy bien para dar comienzo a este artículo.

Hace mucho, mucho tiempo, existía en un pais muy lejano una princesa encerrada en una torre. Había sido encerrada por su madrastra. Seguramente la madrastra tenía una buena razón para encerrarla, pero lo cierto es que no la recuerdo. Existía una profecía que rezaba que un príncipe la salvaría a su 18° cumpleaños. Sin embargo, la princesa debería saber reconocer al príncipe o quedaría atrapada de por vida en la siniestra torre. Ella, imaginaba en su mente un apuesto príncipe montado en un impoluto corcel, quien haciendo uso de una brillante espada a juego con ropajes de incalculable valor real, condujese su rescate y, después, se desposase con ella.

Y llegó, de hecho era el príncipe heredero de uno de los reinos más prosperos y poderosos del continente. Pero… llegó vestido con harapos para despistar a los espías de la madrastra, con el rostro ensuciado a propósito de tierra y barro, y con un caballo normal de un campesino que le había comprado por diez veces su valor. 

Horrorizada ante la escena que se le aproximaba, la princesa recordó la profecía y como aquella rezaba que debía saber reconocer a su príncipe salvador. Interpretándolo a su manera, aferrada a lo que ella se había dibujado en su cabeza, chilló al príncipe y lo insultó con enorme desprecio. Le dijo que se fuera. El príncipe sin entender nada, pero preocupado porque los estridentes gritos de aquella princesa alertasen a la guardia de la madrastra, se fue.

Resta decir que la princesa envejeció en aquella torre, donde dejó sus huesos.

¿Qué podemos esperar tras nuestra iniciación dentro de la religión? Algunos llegan a la religión con la idea de que sus ingresos aumentarán exponencialmente, otros de que se volverán invencibles y podrán parar balas con los dientes; cada mentalidad es un mundo pero lo cierto es que muchos llegan al rayamiento con expectativas surrealistas. El padrino, cuando no es honesto y únicamente persigue el “derecho”, alimentará las espectativas para apuntalar y asegurar el rayamiento o, simplemente, guardará un silencio ante las expectativas equivocadas del aspirante que, por otro lado, en muchas ocasiones es una forma de confirmarlas.

Sin embargo, si no podemos esperar esto ¿qué podemos esperar? La principal razón por la que un ser humano se integra en una religión o culto es su desarrollo espiritual. Si hay una razón que comande tus intenciones, y no sea esta, el mejor consejo que te puedo dar es que abandones.

Ciertamente, el rayamiento tiene unas implicaciones que van más allá, pero todas ellas nacen de éste desarrollo. El rayamiento abrirá y desatará un campo amplio de posibilidades de mejorar y cambiar tu vida para mejor, pero véase que digo “posibilidades”, porque sin un trabajo religioso tuyo ninguna de estas se va a presentar.

Iniciarte y esperar milagros es caer en el mismo error que la princesa del cuento. Toda iniciación es, como la propia palabra indica, un inicio y no una conclusión en la que recibes premios por doquier. Por el contrario, la iniciación es un comienzo para el aprendizaje, el trabajo duro, el desarrollo que irá trayendo a tu vida la satisfacción y desenvolvimiento que experimenta cualquier ser humano alineado con su destino y en armonía consigo mismo.

Tal vez pienses que la ceremonia, per se, sea un acto mágico que te convierta en un ser poderoso y próspero. Más la ceremonia, pese a que traerá cosas buenas a tu vida, no hará el trabajo por ti. Es ese trabajo y aprendizaje, a la sombra de tu mayor, el que te otorgará la sabiduría que te convierta en dueño de tu propio camino.

Te vas a ensuciar las manos en los plantes, visitar a tu padrino con frecuencia, vas a tener que anotar muchas cosas y aprenderlas, preguntar mucho, comprender, respetar las reglas y saberte el último  (acabas de llegar ¿qué esperabas?) para volverte, poco a poco, de los primeros.

Infelizmente, hay padrinos imposibles de visitar mas allá que cuando a ellos les interesa ser visitados; bien sea por cuestiones económicas o en fiestas, que ahí sí existes, donde puede contabilizar ante el mundo su número de ahijados. Pero partimos de la idea de que has dado con un mayor honorable con el que puedes sentarte a tomar café y hablar una o dos horas sobre religión a solas y cada X tiempo y donde vas de vez en cuando a asistirle (donde tu posición te lo permita, pues hay cosas que aún el Nguello no puede presenciar… claro que eso no significa que el Nguello sea exento de conversaciones instructivas cuando llegue a casa de su mayor).

No me olvidaré como aprendí cómo atender mi prenda. Mi Tata no me dio un papel con instrucciones, por el contrario me citó varias veces para que yo observase como él lo hacía con la suya. Después siempre yo llevaba café con algo de comer y había horas de charlas. Aprendí que cada Nganga es un mundo, y pasados los años mis atenciones han variado de forma afín a las preferencias de mi Lembe, pero la base aún hoy fue la que aprendí hace tantos años.

Reconozco que a veces me inventaba excusas para ir a su Munanzo, muy lejos de donde yo vivía -Oh, es que tenía que pasar por acá…- sólo por robarle un rato y aprender. No sé si lo sabía, yo creo que sí, pero lo cierto es que siempre me recibió (salvo que estuviese ocupado de verdad, algo que debemos tener en cuenta; nuestros mayores tienen esposa, hijos, etc, tienen vida privada).

Tu padrino no va a ir a tu casa a enseñarte, ni te va a mandar un plan de estudios por correspondencia. Otra cosa es que utilicéis email, etc, para dudas concretas. Sin embargo, la enseñanza es vivencia y a eso tú tienes que saltar cual tren en marcha. Tú eres el interesado.

Yo siempre llevaba algo, fuese café o fuese lo que fuese, siempre lo primero que hacía era pasar a saludar al fundamento (escribo esto y debo confesar cierta añoranza) y muchas de esas veces llevaba algo para el fundamento: ron, aguardiente, velas, lo que fuese y en dependencia de cuánto pudiese.

Eso me lleva a…

La Nganga de tu padrino

Cuando llegas a pactar en el rayamiento y surges como Nguello, has establecido un vínculo de sangre con la Nganga de tu mayor. Tu sangre, otros elementos, tu mazango de juramento vive en el fundamento de tu mayor. Tal vez llegues a ser Tata (Yaya, en caso de la mujer) y termines siendo dueño de tu propio fundamento. Pero nunca dejas de ser un descendiente, digamos un hijo, de la Nganga de tu mayor.

Fue esta Nganga, no otra, quién sostuvo tus rodillas mientras jurabas. Quien escuchó tus pedidos, tus lamentos, posiblemente quien te defendió de tus enemigos. Fue tal vez quien salvó a un familiar tuyo en un momento delicado de necesidad, quien veló y vela por ti, y quien te bendice cada vez que la saludas. Cuando llamas todo lo tuyo y mbondas también la mencionas, porque es la que te da licencia para hacer. Más que todo esto ¡es quien dio sombra a tu prenda!

Teniendo en cuenta esto, es de desagradecido y de mal religioso olvidarlo. Hay mil maneras de rendirle respeto al fundamento de tu mayor aún cuando este fundamento pueda estar en otro país.

Si no quieres que te olviden como hijo, no olvides tú que eres hijo.

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