Mayombe

Brujería y paranoia

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A lo largo del tiempo, todos os encontraréis con multitud de personas que afirman ser víctimas de una agresión espirtual dirigida por alguna persona: amigos, enemigos, compañeros de trabajo, familiares, padrinos, ahijados, vecinos, y un largo etc. Están desde las historias mas coherentes hasta las más rocambolescas. Sin embargo, muchas de ellas no son reales.

Hay un sector de personas profundamente paranoicas que no han entendido que formar parte de un culto de características mágico-religiosas no es un sinónimo de vivir en el mundo de Harry Potter. Achacan cualquier circunstancia a una agresión y a menudo es la excusa perfecta para explicar un fracaso que, verdaderamente, sólo es producto de su indolencia.

“He suspendido un examen, mi ex me está tirando brujería”. No señor, usted ha suspendido el examen porque en los meses previos no dio “palo al agua” y prefirió ver la televisión, acudir a la fiesta del vecino, o tomarse unas vacaciones en la playa. Usted, sencillamente, no ha estudiado y aunque fuese cierto y su ex esté montando un trabajo contra usted, el examen era claro suspenso aunque no lo estuviese haciendo.

Muchas personas están extrañamente inhabilitadas para hacer un ejercicio de autocrítica para diagnosticar que actos realizaron para verse en condiciones desagradables (causa y efecto). Si no buscas trabajo, no trabajas. Si maltratas una relación, la persona se va con otro (no hay amarre), si no estudias suspendes, si cometes un delito vas preso. Es una lógica natural de la edificación, primero de la naturaleza, después del funcionamiento de nuestra sociedad.

Estas personas son alimentadas por religiosos con intereses que distan mucho de estar enfocados en el bienestar ajeno, y están más pendientes del bienestar propio. Desgraciadamente son muchos los religiosos que cumplen estas características. Ellos ratificarán la sospecha de una persona que, tan solo es víctima de la paranoia, y marcarán una serie de pautas a realizar a cambio de una suma de dinero. Después de unos meses, vemos a las mismas personas que incomprensiblemente siguen asegurando ser víctimas de una agresión, que “el sacerdote al que visité no pudo hacer nada, aunque lo intentó”. He visto casos donde la misma persona ha recorrido media docena de sacerdotes empujada por la misma ansiosa paranoia y ha dejado miles de dólares o euros en el recorrido.

¿No se han preguntado que tal vez no existe ninguna agresión?

Lejos de buscar culpables en situaciones así, deberíamos establecer unas pautas para las personas que buscan ayuda. Desde aquí proponemos algunas:

  1. Descartar que la situación que aqueja a la persona sea producto de las propias decisiones y acciones de la persona. Reenfocar entonces el problema de un modo distinto, en el que la persona pueda resolver la situación concreta y eliminar el patrón de conducta nociva que la llevó a él.
  2. No atreverse a alimentar paranoias sin descartar desajustes astrales de la persona de orígenes muy diversos y que tienen soluciones distintas.
  3. Tampoco atreverse a alimentar esas paranoias sin antes asegurarse que, en caso de ser realmente un problema de origen espiritual, no sea fruto de entidades de caracter obsesor. En este sentido estudiar a fondo la clave (o claves) que la hacen ser víctima de estas entidades y, por supuesto, solucionar desde la obsesión hasta la clave.
  4. Ser honestos y tener la capacidad de “perder dinero” diciendo: Señor, usted perdió el trabajo porque era un indolente, no hay brujería ni cuento de camino. 
  5. Extremar estas medidas cuando se trata de ahijados, no permitiendo crear religiosos paranoicos y sufridos, sino eficientes y mejorados, personas resolutivas y desenvueltas que algún día, con los años, eduquen a su vez a otros religiosos de idénticas características. La tarea del padrino es educadora y protectora.
  6. Reconocer la existencia de personas que no desean ser ayudadas, sólo quedarán tranquilas cuando les des la razón. Cualquier tratamiento que usted haga será inútil, y tratar sus fantasías por dinero es una deshonra que terminará pagando usted a un precio mayor del que ha cobrado.

Esta es la media docena de reflexiones que lanzamos y que, en la práctica, hemos visto eficientes para tratar este tipo de casos tan frecuentes.

Sin embargo, el lector no debería confundirse pensando que subestimamos las agresiones espirituales. Por supuesto que se realizan, y algunas tienen desenlaces fatales. Pero la existencia de este problema requería un artículo específico sobre las “falsas alarmas” y desde este punto de vista exclusivo hemos escrito.

Tal vez usted, que está leyendo esto, se encuentre en una situación así y considere ser eterna víctima de agresiones ¿esta usted seguro? ¿ha meditado y explorado las otras (muchas) causas, humanas y espirituales, que pueden aquejarle en origen antes de convencerse de que es la víctima de algún malintencionado hechicero?

 

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