Mayombe

El Llanto. Funeral del Ngangulero

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Todo el mundo vive preocupado por aprender tratados, por aprender la ceremonia del Rayamiento en su casa, por rayar ahijados, por aprender muchas cosas. Nosotros nos preguntamos ¿qué ocurre si un ahijado fallece?

Lo cierto es que nadie tiene la vida comprada, importa realmente poco nuestro status religioso. En cualquier momento cualquiera de nuestros ahijados puede fallecer, o incluso nosotros mismos podríamos fallecer. La vida es de una manera tan asombrosa que a ciencia cierta cierta ignoramos cuál va a ser nuestro último despertar, o cuando nos vamos a despedir de un ahijado la última vez.

Comencé a reflexionar cuando un Tata, amigo de un buen amigo mío (también Tata) nos pidió condujesemos el Kinfuiti, o Ceremonia del Llanto, por uno de sus ahijados fallecido hacía varias semanas. Él poseía ya algunas docenas de ahijados, pero no sabía absolutamente bada sobre esta ceremonia: sólo su existencia. Personalmente yo no me hice cargo, los motivos no vienen al caso, mi amigo en cambio accedió tras meditarlo.

Mirando a mi alrededor, me di cuenta que el porcentaje de Tatas que no sabrían reaccionar ante el fallecimiento de un ahijado era asombrosamente grande.

Lo cierto es que el Ngangulero fallecido debe de recibir ciertas ceremonias importantes, tan importantes como el propio Rayamiento, por necesidad. Por la clase de pactos que realizamos, pactos que sobreviven a la propia muerte, es necesario ciertas labores liberadoras y purificadoras para que ese Ngangulero tome la evolución que le corresponde y se convierta en un ancestro útil de su linaje, y de su propia descendencia particular.

La ausencia de los procedimientos debidos, amigos y amigas, convertirán a ese Ngangulero en un alma atormentada, y con el tiempo ese alma atormentada se convertirá a su vez en un alma vengativa que tomará buena cuenta de su Munanzo que ha sido quien le ha dejado en esta situación.

La ignorancia en este caso, sólo traerá sufrimiento a todos. Encarnados y desencarnados. Pues si bien es cierto que un alma vengativa es de cuidado, el alma de un Ngangulero bajo este estado es aún peor.

Como opinión personal, considero que todo Tata que tenga ahijados debe estar preparado para llorarlos, una vez estos fallezcan. Saber como se coloca a las Ngangas a llorar el luto del fallecido, saber las firmas que lo llevan y despiden, saber los elementos que lo purifican, los secretos que parten con el fallecido, y el complejo entero ceremonial que se realiza. Diría que es tan importante como saber la ceremonia del Rayamiento, o como armar X Ngangas, porque son ceremonias que tarde o temprano necesitará. Necesita además enseñarsela a su Bakonfula (¡como mínimo!), si su Tata esta lejos o fallecido, porque tal vez no fallezca ningún ahijado sino usted… y dígame ¿quiere ese destino para usted?

De este modo, por lo menos su Bakonfula sabrá dirigirla y darle las ceremonias oportunas que su rango como Tata exige.

Importa poco que no tenga usted sólo estas consagraciones y sea Olorisha, de igual manera que como Olorisha aún mantuvo su jerarquía de Tata, practicase o no, así será después de muerto. El Llanto deberá ser cumplido, asi como el Ituto.

Creo que debemos reflexionar sobre la gravedad de este asunto, las horribles consecuencias de ignorarlo, hacernos consciente que cualquier día podríamos necesitarlo y decididamente exigirlo a nuestros mayores, educadamente, como un conocimiento que como Tatas (pues aquí el Nguello no tiene potestad para hacer) tenemos el derecho de tener.

Si tienen ahijados, retornen y pidanlo.
Si aún no los tienen, aprendan esta ceremonia antes de tenerlos. Que sus Munanzos puedan ofrecer TODOS los servicios religiosos, como debe ser, sólo depende de ustedes.

Durante mi crianza, a la sombra del Munanzo de mi Tata, infelizmente tuve que asistir a uno Llanto debido al fallecimiento de un hermano del Munanzo. Lógicamente, no pude memorizar absolutamente todos los detalles. Más en una ceremonia de esa clase, con etapas de la misma que por cuestiones que me reservaré en un medio público, son un tanto desagradables. Más por las sensaciones que por la ceremonia en sí. Diferente ocurría con el Rayamiento, no sólo había visto docenas y lo conocía de memoria, sino que yo mismo habia rayado sobre el fundamento de mi Tata en algunas ocasiones.

Más sin embargo, cuando planté mi propia bandera (esto es: cuando se abrió mi propio Munanzo) recibí de mi Tata una copia escrita de dicho procedimiento. Y un rato largo de explicación y posterior respuesta a posibles dudas y matices que en mi mente pudiesen surgir.

Con los años he conocido otros Munanzos ajenos, y he conocido sus ceremonias al respecto, encontrándome (como ocurre con otras) puntos propios y característicos de sus linajes, pero mayoritariamente parecidos en práxis e idiosincrasia. Algo parecido ocurre com el Rayamiento, donde podemos encontrar muchos matices diferentes, pero siempre un contexto común y unos principios comunes que todos cumplen.

Destaca, pues, esta ceremonia tan importante como el mismísimo Rayamiento y no enseñarla a Tatas que comienzan a tenersus ahijados es temerario. Casi tan temerario como que en tu Munanzo, si tu Tata no está disponible, no existan mínimo un Tata que conozca bien este procedimiento por si eres tú el fallecido.

Insisto, uno nunca sabe cuando llega la pelada.

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