Los Gangá de Pericó

35531162Autoria extraída de Ediciones Maiombe

 

El único núcleo que en Cuba aún conserva parte del acervo cultural de alguno de los pueblos de la Costa de Granos se encuentra localizado en la pro­vincia de Matanzas, en la localidad de Perico. Ellos se autoidentifican como gangá longobá y se hallan relacionados con la figura de una mujer: Linda Diago.

Linda era bisnieta de una africana que pertene­ció a la dotación de esclavos del central matancero Santa Elena, propiedad de la familia Diago. De la bisabuela la memoria colectiva no guarda siquiera el nombre, unos la recuerdan como Rosario y otros como Josefa; en cualquier caso gangá era el apellido que evoca su origen, hasta que con la abolición de la esclavitud muchos libertos adoptaron el apellido de sus antiguos dueños. Linda conserva el apellido por línea materna, pero de ella misma no es mucho lo que se ha preservado. Ya era una mujer de más de 80 años, que había padecido una apoplejía, cuando fue entrevistada por primera vez por el equipo del Departamento de Investigaciones Fundamentales del CIDMUC.[1]

Tratando de unir los datos de esa entrevista con los recogidos en entrevistas posteriores a personas que la conocieron,[2] intentaremos reconstruir la his­toria. Veamos…

La genealogía

Sabemos que Linda fue entrevistada en 1982 cuando contaba con 82 u 83 años. Sabemos por su testimo­nio que su bisabuela falleció a los 108 años de edad y sabemos también que Linda aprendió con su bisa­buela los quehaceres religiosos: «Así es que cuando la abuela mía iba para el cuartico de los santos nos llamaba, y en seguida yo estaba con ella en el cuar­to, así que lo que yo aprendí, lo aprendí con la vieja africana…»[3]

En una entrevista[4] realizada a Magdalena Herrera, una de las principales figuras del culto religioso en la actualidad, nacida en 1929, ella afirma no haber conocido a la bisabuela de Linda.

De todo lo anterior podemos deducir, primero, que Linda nació hacia 1900-1901; que si aprendió algo de las prácticas religiosas con su bisabuela esto debió ocurrir cuando ella contaba como mínimo en­tre 7 y 10 años de edad; que si Magdalena Herrera no conoció a la bisabuela, esta debió morir cuando Magdalena contaba con 4 ó 5 años de edad como máximo; por tanto, la bisabuela habría fallecido entre 1907 y 1935, y nacido entre 1800 y 1826.

En base a estos datos buscamos en el Registro Civil de Perico el acta de defunción de alguna perso­na llamada Rosario o Josefa Gangá o Rosario o Josefa Diago en el período comprendido de 1900 a 1935 y encontramos sólo un documento que pudiera co­rresponder al de la bisabuela de Linda. Se trata del acta de defunción de una Josefa Diago, morena, natural de Africa, soltera, jornalera, vecina de Perico, madre de dos hijos: Pascual y Rosario, fallecida a los 100 años de edad, el 30 de mayo de 1907.[5] La posibilidad de que esta Josefa Diago sea la misma bisabuela africana de Linda la confirma el testimonio de la última, como veremos enseguida.

En la entrevista[6] realizada a Linda ella afirma que en algún momento, después de la abolición de la esclavitud, la bisabuela africana se estableció en Perico, en una casa de la calle Clemente Gómez, donde nació y creció Linda, y que la bisabuela tuvo sólo dos hijos, un varón y una hembra, tal y como aparece en el acta de defunción. Su hija era la abuela de Linda. Magdalena Herrera recuerda que a la abuela le decían Yeyé. Es probable que su verdadero nombre fuera Rosario, como refiere el acta de defunción, y que en la memoria colectiva se confunde con el de la bisabuela africana.

No se conoce con exactitud cuántos fueron los hijos de Rosario o Yeyé. Tenemos referencia sólo de dos: Angela, la mayor, y Aniceta. De Angela conoci­mos que tuvo cinco hijos de un primer matrimonio, los cuales llevan todos el apellido Diago, y entre los cuales la mayor de las mujeres es Linda. Angela tuvo además dos hijas de un segundo matrimonio, que llevan el apellido del padre.

Linda, por su parte, contrajo matrimonio a los 17 años con Alfredo Corbea, con quien tuvo seis hijos, tres varones y tres hembras. Ella es heredera no sólo del apellido de su bisabuela, sino de una serie de objetos o piezas religiosas, que representan los ancestros, espíritus, fuerzas de la naturaleza o deidades a las que. rendían culto sus antepasados. Estos objetos (piedras fundamentalmente) se con­servan en soperas que se exponen, únicamente los días en que tiene lugar alguna celebración ritual-festiva, en un altar, cubiertas por telas.

Estas piezas, que marcan a Linda Diago como la heredera de las tradiciones de su bisabuela, ocupaban en casa de esta última un lugar privilegiado, pues les estaba reservado un cuarto para ellas solas, el «cuartico» al que acudía Linda cuando la bisabuela la llamaba. Linda y sus descendientes se refieren a estas piezas como los santos, pues los ancestros, espíritus, fuerzas de la naturaleza o deidades que pudieron haber repre­sentado originalmente han sido «sincretizados» con los santos de la religión católica.[7]

Linda refiere que la bisabuela le enseñó a la abuela el cuidado de las piezas, y posiblemente también sobre el culto. Así, cuando la bisabuela murió, los santos pasaron al cuidado de su única hija: «Ella [la bisabuela] se murió de 108 años, se quedó [con los santos] la abuela mía, la mamá de mi mamá.»[8]

En algún momento los santos pasaron al cuida­do de Angela, y cuando ésta murió los heredó su hermana menor, Aniceta, quien a su vez los legó a la hija mayor de su hermana, Linda: «y aquí estaba, y fue que se murió mi mamá, y yo estaba criando unos muchachos, y los santos vinieron para acá. […] Después yo vine cuando la dueña de aquí, que era her­mana de mi mamá se enfermó, que le decían Aniceta, porque ella decía que esto era mío, entonces al traer los santos para acá, cuando ella se enfermó que murió, yo vine para acá también.»[9]

De esa manera los santos fueron trasladados a la casa donde se encuentran en la actualidad, en la calle San Juan, lugar al que Linda se mudó tiempo después, y que aún es habitado por sus descen­dientes.

Como vemos, la herencia religiosa se transmi­tió de forma matrilineal, de madre a hija mayor, pa­sando a veces por la hermana menor de la madre, al igual que ocurre entre los sherbrobullom en Sierra Leona: «la estructura de la familia consanguínea entre los sherbro parece haberse formado en base a un sistema de descendencia matrilineal. […] Hall, que escribió en 1937, describe un sistema de parentesco basado en el matriclán, o ram, del cual se pueden rastrear descendientes en línea femenina desde los primeros pobladores del país.»[10]

Regresemos a Perico. A la muerte de Linda, en 1986, la herencia matrilineal se vio interrumpida. Esto se debió probablemente a que quien realizó los rituales habituales cuando muere una personalidad de un culto mágico-religioso no fue una persona perteneciente a la familia Diago, pues Linda, a dife­rencia de su bisabuela, no enseñó a nadie los que­haceres religiosos: «la abuela mía sí enseñaba [se refiere a la bisabuela] porque la gente de antes no son como los de ahora, porque sabe que los mucha­chos de ahora son muy relambíos…» Por otra parte, Linda pensaba que cuando ella se muriera su heren­cia materna debía irse con ella: «Yo le tengo dicho a la gente que el día que yo me muera, que se coja todo y que se bote […] porque no hay quien lo va a coger».[11]

Así, quien condujo las ceremonias al morir Linda fue Armando Zulueta, un prestigioso santero de la región, perteneciente además a la familia de los arará[12] del pueblo. Al parecer, en la consulta a los oráculos sobre el destino de los santos que Linda tenía a su cuidado, resultó que estos no quisieron irse, y así pasaron al cuidado de Humberto Casanova, Cuco, nieto de Linda, el actual respon­sable.

Pero Humberto,[13] aunque fue criado por Linda, sabe muy poco acerca de los quehaceres religiosos, por lo cual Magdalena terminó haciéndose cargo de ellos. De modo que la dirección del culto quedó, nuevamente, en manos de una mujer.

[1] La entrevista fue realizada por María Elena Vinueza. Fondo: grabaciones in situ (GIS), cinta # 23, 1984, Departamento de Documentación, CIDMUC, La Habana. En lo sucesivo nos referiremos a esta entrevista por la Institución, fondo, número y año.

[2] Realizadas por la Autora. Estas entrevistas se hallan en un Archivo Personal, al que nos remitiremos por: AP, Nombre del entrevistado y año.

[3] CIDMUC, GIS, N° 23/84.

[4] AP, Herrera, M, 1997.

[5] Registro Civil de Perico, Tomo 13, Folio 477.

[6] CIDMUC, GIS 23/84.

[7] Se trata de un proceso análogo a lo ocurrido en la santería, religión de antecedente yoruba, una de las más difundidas en Cuba. Al respecto ver N. Bolívar: Los orichas en Cuba. Ediciones Unión, La Habana, 1990, p. 24.

[8] CIDMUC, GIS, N° 23/84.

[9] Ibíd.

[10] M. McCulloch: ob. cit., 1950, p. 79. Esta es otra de las razones que nos inclinan a considerar a los gangá longobá como descendientes de los nongoba, pertenecientes a la subrama sherbro-bullom.

[11] CIDMUC, GIS 23/84.

[12] Arará es el nombre que se les dio en Cuba a los esclavos adjá-fon. Sus creencias y prácticas religiosas se conocen bajo el nombre de Regla Arará.

[13] AP, Casanova, H, 1996.

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La Nganga de Batista

Esta historia que recojo en esta ocasión, es de esas cuanto menos curiosas y que da que pensar.

Está escrita por Juan Vives (seudónimo de un viejo cubano asentado en París) y que narra la historia rocambolesca de cómo Batista llegó a obtener una preciada Nganga de 7 Rayos, al parecer de época colonial, perteneciente a como el propio Juan dice “un rey negro capturado como esclavo, o quizás un potente brujo, que no se resignó a ser esclavo”, y de cómo Batista utilizó los poderes de esta prenda para su propio beneficio en plena contienda; de cómo esta Nganga pasó al médico de Fidel Castro; y, por último, de cómo llegó al autor de este escrito, el nombrado Juan.

Aunque hay cosas de este escrito que no son correctas desde la propia comprensión de la religión, en cuanto a lo que se refiere a qué es una Nganga, los elementos que ésta lleva, y otros elementos de la misma; siendo el autor del escrito que más abajo leerá, prácticamente desconocedor del Palo Monte.

Juan Vives, el autor, ha realizado una narración que se me antoja plausible en el marco de la dictadura de Batista, y me parece justo dejarlo tal y como él lo ha escrito, para que así quede su esencia más pura, aunque, como digo, hay algunos puntos de su escrito que no son correctos, como la referencia que hace sobre la prenda de 7 rayos, que no está solamente destinada al resguardo del palero que la posee -como él apunta en su escrito- ni está confeccionada exclusivamente con los materiales que nombra, así como otros detalles de la misma que menciona, acerca del Palo y de la Osha. Pero, me reitero, lo importante es el transfondo del escrito y no la liturgia ni mucho menos los secretos de la religión, que, evidentemente, no hablaremos de ellos en este blog.

LA NGANGA DE BATISTA
Por Juan Vives

Esta es una de esas historias que viene de la noche del tiempo y ha transcurrido durante siglos de en la isla de Cuba. Uno de esos misterios que parece salido de Las Mil y Una Noche, tanto su trayectoria es rocambolesca e incoherente.

El SIETE RAYOS es una prenda de los paleros que está destinada al resguardo del propietario, una especie de escudo invisible que impide todo mal a sus propietarios. La “PRENDA” se confecciona con tierra del cementerio, huesos de muertos y para que tenga fuerza es mejor introducir partes del cerebro de alguien asesinado, suicidado o loco. El Siete Rayos es la defensa y el instrumento de ataque de los paleros cuando están en guerra.

Se trata de un clavo gigantesco de 50 cm. a un metro; en la parte superior una cabeza formada de un cilindro de hierro poco más grande que una lata de leche condensada, donde se le da forma de una cabeza humana con ojos y boca, formada por caracoles. En el interior está repleta de pedazos de palo de diferentes especies, con huesos, pedazos de cerebro etc. (como lo describí más arriba).

El Siete Rayos de esta historia, por lo menos data de la época de la Colonia. Al parecer un rey negro capturado como esclavo, o quizás un potente brujo, que no se resignó a ser esclavo.

En la antigua provincia de Las Villas, los negros esclavos que se escapaban de las plantaciones de caña, se convertían en cimarrones y eran víctimas de los rancheadores, especie de cazadores que eran pagados por capturar los fugitivos que se agrupaban en los llamados “palenques”.

Algunos de estos palenques fueron famosos ya que nunca se logró descubrir su emplazamiento; este fué el caso de un palenque en pleno corazón del Escambray en plena Sierra.

Se rumoraba que nunca lo habían descubierto ya que tenía un potente “Siete Rayos” que protegía a la comunidad.

Al final de la Guerra con la Independencia, los palenques fueron disueltos y el Siete Rayos en cuestión fue a parar a las manos de un palero famoso de la ciudad de Trinidad.

Fulgencio Batista, que era adepto de la Santería, tenía su ‘madre de santo’ en Trinidad, una tal María, sin que yo recuerde el apellido (seguro que algunos viejos del Exilio conocen el nombre completo). Cuando la revolución del 33, cuando Batista despega como hombre fuerte, una de las primeras cosas que hizo fué asegurarse de su protección mediante la Santería. Su famosa santera le aconsejó que debía adquirir para su resguardo el renombrado Siete Rayos que estaba en las manos del palero de Trinidad. Después de una difícil discusión sobre el precio, finalmente, Batista adquirió el objeto de tanta codicia. Todos los años se le sacrificaba un toro y se vertía la sangre sobre la prenda para que tuviera fuerza para proteger y luchar contra los enemigos.

Batista tenía un hermano que era Babalawo (sacerdote de Santería); en 1950 la prenda estaba muy deteriorada y si no se restauraba, la corrosión y el tiempo terminarían por destruirla. Batista envió a su hermano Hermelindo Batista al Congo Belga, para que los paleros africanos restauraran la prenda y la cargaran de fluidos mágicos de nuevo.

Fue una restauración total en la que cambiaron las partes metálicas, pero guardaron los caracoles y collares iniciales. Es posible que el palero de Trinidad haya modificado algo, lo que representaría dos estratos de civilización de distintas épocas concentrados en el Siete Rayos.

Cuando el Asalto al Palacio Presidencial por el Directorio Revolucionario (DR) y la Organización Autentica (OA) ,Batista escapó de milagro por una puerta lateral y según algunos paleros de la época, la prenda le había avisado que corría peligro y que hiciera una salida de emergencia en caso de ataque. Cierto o leyenda, en círculos de santería y de los paleros se hablaba de esta prenda mágica.

Batista abandona el país, en su corre-corre olvida en su propiedad de Kuquine el Siete Rayos que estaba clavado detrás de la puerta de entrada. Cuando los miembros del Ejército Rebelde saquearon Kuquine, alguno de los rebeldes que era santero reconoció el objeto y se lo llevó.

Desde el exilio Batista intentó ofrecer una recompensa a quien le restituyera la prenda y se habló de cientos de miles de dólares; el tipo de verdad que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por el Siete Rayos.

RENE VALLEJO/COMANDANTE DE LA REVOLUCION/MEDICO DE FIDEL CASTRO/ ESPIRITISTA Y PALERO

Si Batista intentó desde el exilio recuperar su prenda, en Cuba Vallejo también se puso a la caza del objeto y con todas las intenciones de encontrarlo. Después de una investigación y búsqueda digna de una novela de Sherlok Holmes, Vallejo logró meter la mano sobre la pieza que pagó a precio de oro. Para él, palero emérito, esto representaba uno de los objetos de mayor valor que existieran.

El comandante René Vallejo sigue siendo uno de los enigmas de la historia de la revolución, como este hombre de una cultura extraordinaria, médico cirujano y especialista pulmonar, podía ser al mismo tiempo Comandante de la revolución, médico personal de Fidel, espiritista y palero.

Nace an 1920 en Manzanillo y es muy amigo de la familia Manduley, y desde niño conoce a Celia Sánchez Manduley. Cursa estudios de Medicina y se hace cirujano, recorre diferentes países europeos y durante la Segunda Guerra Mundial es médico en el Ejército americano.

En Manzanillo funda el hospital de la Caridad y es una personalidad regional. Junto con Celia es miembro de un círculo espiritista de esa ciudad y por otra parte un palero de renombre.

Conjuntamente con Celia prepara en la provincia oriental la ayuda a los que desembarcaron en el yate Granma. Sube a la Sierra Maestra y se incorpora a la Columna No 1 de Fidel y es desde esos momentos su médico personal, confidente y hombre de confianza, la sombra del Comandante en Jefe que lo acompañaba en todo momento.

Cuando se funda el G-2 en Quinta y 14 en Miramar, su primer jefe, el comunista Oswaldo Sánchez, intenta que le quiten como médico de Fidel a Vallejo, porque era incompatible con sus funciones y creencias religiosa “oscurantistas”.

Cuando Celia se enteró de las maniobras que estaban realizando para alejar a Vallejo, metió uno de esos “bateos” de los que sólo ella tenía el secreto y con su llenguaje habitual cuando se encabronaba, se cagó en la madre de Manuel Piñeiro y de Oswaldo Sánchez, ambos jefes de la Seguridad’ les dijo hasta del mal que iban a morir; “la flaca” tenía una lengua del carajo y cuidado; era la secretaria personal de Fidel y Secretaria del Consejo de Ministros. La ünica persona en Cuba que podía oponerse a Fidel, en cierta manera su ‘loquera’.

Esta es otra de las incógnitas que nunca se logró saber. Nadie en Cuba podía contradecir al “caballo”, salvo Celia, que incluso lo regañaba como si fuera un muchacho y el tipo obedecía. Nadie sabe porqué tenía tal ascendencia sobre Fidel.

A Celia y a Vallejo los conocí en los primeros meses de la revolución en 1959. El esposo de mi tía, Nicanor Manduley Ochoa era tío de Celia y como era una familia de Campechuela y Manzanillo, conocían bien a Vallejo, que a veces venía los domingos a comer arroz con pollo que cocinaba mi tía.

Eran casi lazos familiares los que unían a Celia con Vallejo, se conocían desde jóvenes y frecuentaban el mismo centro espiritista de Manzanillo. En medio de aquella vorágine comunista en donde creer en algo que no fuera el comunismo era considerado como una desviación ideológica y reprimida, ni Celia ni Vallejo escondían sus creencias y nadie podía decir nada.

Celia Sánchez tenía una cadena de oro en el tobillo derecho, signo de ser abicúa, ostentación clara de ser santera. En cuanto a otros como el Comandante de la revolución Juan Almeida, que tiene ‘hecho santo’ y esconde los collares que siempre lleva consigo y otros tantos, siempre fueron muy discretos.

Yo siempre leí mucho y en cada uno de mis viajes al exterior, entraba con maletas cargadas de libros, que fueran en español, inglés, francés o italiano. Vallejo vivía con sus dos hermanas que estaban viudas en El Nuevo Vedado, cerquita del Zoológico de La Habana.

En muchas ocasiones fui a verlo para prestarle libros que traía de mis viajes y que eran imposibles de conseguir en Cuba.

Siempre que llegaba a su casa quería hablar en francés; decía que era para no olvidarlo, pienso que resultaba de un gusto intelectual, lo hablaba perfectamente y sin ningún acento.

En su casa existía una habitación que era su cuarto de santería, de Palo Monte y espiritismo; ramos de flores, vasos de agua, marmitas de santería y algunas piezas de Palo.

Unos días antes de su muerte, me llamó por teléfono para pedirme que pasara por su casa que tenía un favor que pedirme. Yo no veía qué favor podía rendirle a Vallejo que era el personaje más cercano a Fidel, pensé que a lo mejor quería algún libro.

Cuando llegué a su casa, siempre tan amable, me dijo: “ven conmigo” y me llevó al cuarto en donde tenía todas las cosas de santería, Palo y espiritismo. Fue la primera y única vez que las vi.

Velas encendidas por todos los lados, vasos de agua, flores…aquello era el “reino del Más Allá”. Se dirigió hacia aquel clavo de hierro con una cabeza representando un ser humano hecha de cuero, en su cúspide en forma de corona unos tarros, supongo que de venado, y entonces fue que me contó la historia de la “prenda”.

En su parte superior tenía los cuernos que se habían despegado y quería que la llevara a la Manzana de Gómez, en donde estaba un centro de artesanía nacional, para que un experto le recolara los tarros al Siete Rayos. Me envolvió la pieza en un paño rojo y me la entregó.

Pocos días después, a mediados del 69, Vallejo sufre de una grave hemorragia cerebral y su estado era tan grave que no pudieron trasladarlo al hospital y llevaron a su casa todos los equipos disponibles para salvarle la vida: en vano.

Mucho más tarde en 1979, aún conservaba el Siete Rayos y no sabía qué hacer con aquella cosa y decidí decírselo a Celia para que hiciera lo que creyera conveniente.

Cuando se lo dije se disgustó mucho y me dijo: “–El sabía que no podía separrse del Siete Rayos y que todos los meses debía darle que comer, eso es muy fuerte y no se puede jugar”.

¿Y yo qué hago con este tareco? Me dijo que lo guardara que me podía proteger y salvarme la vida, que a cada rato le degollara un gallo y vertiera la sangre arriba. Si no que lo guardara en una caja oscura sin ver el sol y que una vez al año lo rociara con ron y lo volviera a encerrar en la oscuridad.

Han pasado 28 años y el Siete Rayos sigue en una caja envuelto en un trapo rojo. Sabía que me iría de Cuba y algunos días antes de tomar rumbo a Francia, desde luego era transitorio por la enfermedad de una de mis hijas, realmente yo sabía definitivo, fuí a ver a Celia y le dije francamente que ‘espantaba la mula’ y que tenía el Siete Rayos de Vallejo. Me respondió que lo sacara de Cuba como pudiera y que lo conservara como protección, que los santos le habían dicho que le quedaba poco. Murió al año siguiente en 1980, yo no sé si fueron los santos o el médico, pero lo cierto fué que sabía que se estaba muriendo.

Por medio de una valija diplomática el Siete Rayos viajó hasta Europa, donde pude recuperarlo y aquí lo tengo.

Gran brujo o Rey negro, dictador Batista o Comandante de la revolución con sus etapas desconocidas sin saber en manos de quién estuvo este ídolo, no deja de ser una curiosidad que forma parte de nuestra historia de una manera u otra y reafirma nuestras raíces africanas en una nación mestiza, en donde Santa Bárbara es también Changó.

Mas sobre Santo Cristo del Buen Viaje

Hablar de la Regla Kimbisa y de su fundador Andrés Facundo Cristo de los Dolores
Petit, no es nada fácil, dada a la importancia tan grande que tiene en la historia de Palo Monte en Cuba y en América. La Regla Kimbisa ha sido aplaudida por muchos, pero también odiada por otros. Dentro de sus grandes hazañas se encuentra la de haber sido reconocida por la Iglesia Católica. Le dio entrada a los blancos al Palo Monte, introdujo el cristo y las oraciones cristianas a su práctica y sin duda humanizó al Palo Monte. Pero para un mejor entendimiento hagamos un poco de historia sobre su fundador Dolores Petti, para poder así juzgar por nosotros mismos, su papel en la historia del Palo Monte:

Andrés de los Dolores Petti: Traidor o Visionero

“En el Libro del El Monte escrito por Lydia Cabrera, así como el Libro de Ta Makuende Yaya y Las Reglas de Palo Monte escrito por Natalia Bolívar Aróstegui y Carmen González Díaz de Villegas, se hace referencia de Dolores Petti, como uno de los personajes mas destacados del año 1.863, este mulato de nacimiento poseía poderes extraordinarios descritos por muchos como sobrenaturales y para mayor asombro, Dolores Petti fue iniciado en varias reglas: era terciario en el convento de Guanabacoa, dueño de un oricha (santo) lucumi, dueño de nganga, mayombero, igualmente era isué (alto rango de la sociedad secreta abakuá). A pesar de todas estas habilidades Dolores Petti fue acusado por sus hermanos ñañigos de traidor y expulsado del clan de la peor manera. De allí nace una leyenda muy antigua que relata, que Dolores Petti, vendió los secretos del Mayombe a los blancos por ochenta (80) pesos; ¿Pero que hay realmente de cierto en esto? ¿Fue realmente Dolores Petti un traidor?

Veamos según la historia nos relata que para el año 1.860, los descendientes de los yorubas eras mayoritarios en las diferentes provincias de Cuba, pocos cabildos como los Abakuá a penas habían sobrevivido, aunque muy secretamente, el mayombe nunca tuvo suficiente fuerza en la isla, a eso le sumamos el poder de la iglesia católica, de desmeritar cualquier practica diferente a la suya y mucho menos si no estaba la presencia del Dios blanco (Cristo). Los hermanos negros descendientes, criollos se enfrentaban a una cruel realidad, la desaparición de sus cultos y creencias, sin contar que cada vez era mas difícil poder comprar la libertad de muchos negros que seguían esclavizados en las haciendas de sus amos blancos. Fue entonces donde Dolores Petti apeló a todo lo aprendido en las diferentes reglas que conoció, así como la fama con la que gozaba entre los blancos de ser adivino, de hacer milagros, se dice que leía el pensamiento. La nobleza blanca de la época lo llamaba para consultarse. Es en ese momento donde el racismo hace estragos entre los hermanos negros y acusan a Dolores Petti de querer darle entrada al blanco al palo monte, y con esto premiarle tantos años de castigo y sufrimiento impuesto sobre los negros. Causando de esta manera la expulsión inmediata de Dolores Petti de toda practica concerniente al Palo Monte.

Con muchas personas en su contra, atacado ferozmente por el racismo de la época y las peores criticas. Dolores Petti decide fundar su propia regla llamada entonces La Regla Kimbisa del Santo Cristo del buen viaje, para tal fin conjugó, todas las prácticas conocidas para ese entonces como son:

La Regla de osha (santería), Mayomberia, espiritismo y la Iglesia Católica. Formando de esta manera su propia liturgia.

Dolores Petti emprende de esta forma una tarea ardua y llena de espinas; llevando un mensaje de fraternidad, unión y paz a sus seguidores, tanto blancos como negros. Y se unirían a partir de ese momento en una gran familia conocida como: Regla Kimbisa.

Dolores Petti con gran astucia alinea diversos aspectos de las diferentes religiones que mezcló para tal fin; logrando definir funciones y jerarquías para el perfecto funcionamiento del clan.

Según los grandes historiadores, la organización jugo un papel importante, razón esta por la que Dolores Petti y la regla kimbisa triunfaron. Veamos como fue su organización:

Lo primero fue conformar un templo, donde poder practicar sus cultos.

Segundo conformó las jerarquías: como principal estaba el padre nganga y la madre nganga, estos eran los mayores del templo.

Seguidamente estaba la figura del mayordomo de la prenda. Su función era ayudar al padre nganga.

Las otras figuras en el templo era los ngueyos (recién iniciados), ayudaban en las obras de limpieza al padre nganga.

Por ultimo y digno de elogiar era el juramento al que eran sometidos las personas que deseaban formar parte de la regla kimbisa, estas personas eran observadas en sus comportamiento por cierto tiempo, y si pasaban la prueba entonces, eran sometidos al proceso de iniciación donde tenían que hacer un juramento ante la nganga y el padre nganga. Detallaremos parte del juramento para así ver la importancia del mismo:

a) ¿Jura por la existencia de Dios?

b) ¿Jura amar y haber amado a sus padres?

c) ¿Jura perdonar a su enemigo?

d) ¿Jura no traicionar esta sagrada institución?

e) ¿Jura categóricamente bajo palabra y ante el crucifijo que tiene en su mano que no ha sido inducido por ningún malvado, y si se ha ofrecido libre y espontáneamente a entrar en su seno?

Estas son algunas de las reglas que regían las iniciaciones de la kimbisa y nos da idea de la elevación espiritual de las ceremonias.

La regla kimbisa se caracterizó por ser altamente espiritual en su práctica; empleando la albahaca, el vaso con agua el crucifijo, la oración cristiana, así como flores y perfumes en sus iniciaciones, como también para deshacer cualquier maleficio.

Podemos destacar dentro de sus guías espirituales a San Luís Beltrán, San Benito de Palermo, entre otros. Quienes bajaban en una materia a dar su bendición o para advertir sobre cualquier fenómeno.

El fundamento o nganga mayor era zarabanda, sobre el cual se hacían las principales ceremonias, iniciaciones, limpiezas, cambios de vida, entre otras cosas. Zarabanda era el primer fundamento que recibía la persona, sin el nada era posible.

La fiesta mas importante que se celebraba en el cabildo era el santo cristo, en ella se daba cita todos los padres ngangas, así como las madres ngangas de todos los templos allegados, para esto se recogían aportes para la realización de tan importante evento.

Se ha comprobado históricamente que todo el dinero recaudado en las diferentes iniciaciones que se dieron en el templo principal de Dolores Petti, así como el dinero recogido de obras y limpiezas, realizadas ante la prenda fueron utilizados para comprar la libertad de cientos de hermanos negros que para la época seguían bajo el yugo de los blancos. No cabe duda que Dolores Petti fue un genio visionero amante del buen palo monte, respetuoso de las necesidades de los seres humanos.

Dolores Petti le dio entrada no solo al hombre blanco al palo monte, sino también a la mujer; logrando que la misma ocupara un cargo religioso y fuese respetada como madre nganga. Fue la formula perfecta para la apertura del palo monte en Cuba. Logrando la aceptación del clero católico, esto sirvió para proteger el culto y que no fuese mas penado por las leyes de los blancos. Cada día fueron mas los negros liberados, aquellos que Dolores Petti pudo comprar su libertad; los mismos se unían a la Regla Kimbisa, sorprendidos del fuerte sincretismo, pero agradecidos por tal hazaña.

La Regla Kimbisa pronto alcanzó fama y popularidad en toda la isla, para la época Dolores Petti, fue el mulato mas odiado, pero a su vez fue también el nañigo más brillante que se ha conocido.

Andrés Petit. Fundador del Santo Cristo del Buen Viaje

Andrés Petit nació el 27 de noviembre de 1829 y fue bautizado el 3 de enero de 1830 según lo atestigua el libro de Bautismos de Pardos y Morenos, tomo 33, folio 209, número 813. Se aclaran otras interrogantes. El apellido Petit viene dado por doña Leonor Petit, dueña de su madre, la esclava Juana Mina. Del padre ni siquiera se menciona el hecho de que fuera desconocido y tiene de padrinos a Enrique y Margarita Benedit Petit, quienes con seguridad forman parte de los amos blancos. Corrobora esta suposición que en el mismo libro de bautismos aparece asentado, inmediatamente después del de Andrés, el de una esclava adulta, también perteneciente a Doña Leonor Petit y con Margarita Petit fungiendo de nuevo como madrina.

No obstante el hecho de que aparezcan estos dos importantísimos documentos que prueban su existencia real, se mantienen algunas de las interrogantes y se abren otras más, por lo que se mantiene su condición de personaje enigmático. Es difícil, por tanto, realizar una análisis lo más objetivo posible sin caer en el terreno de la especulación.

Si podemos ir coligiendo el hecho de que no fuera terciario franciscano sino dominico, como lo prueba la defunción, ya que es poco probable que lo fuera de dos órdenes religiosas diferentes a la vez.

Otro aspecto para aclarar es que en el año 1878, cuando Petit fallece, el convento de Santo Domingo pertenecía al clero secular agrupado en la congregación de Santo Domingo que con anterioridad había sido de los dominicos, y no es hasta alrededor de 1887 que pasa a los franciscanos a quienes pertenece en la actualidad.

Profundizando algo en la rama Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje fundada por él, si se le realizara un minucioso análisis se pudiera llegar a la conclusión de que siendo su génesis el Palo no debe ser considerada una rama dentro de esta, sino un culto independiente, creación única de Petit basado en los conocimientos que tenía de este, de Osha y de la Religión Católica junto con aspectos del Culto traído del Calabar.

Poco o casi nada estudiado, la referencia más amplia sobre este culto la encontramos en el libro de Lydia Cabrera publicado en Miami. Como no es nuestro objetivo hacer muy extenso el presente trabajo, sólo nos referiremos a los aspectos que son tomados de las Religiones mencionadas.

En primer lugar, para ser un Kimbisero hay que ser una persona honorable, de buenas costumbres, lo que se verifica antes de ser aceptado. Aquí tenemos la primera similitud con la secta Abakuá en su esencia más pura.

Después, el iniciado debe prestar un juramento en el que se entremezclan los mandamientos cristianos, pero el primero de todos consiste en jurar por la fe en la existencia de Dios. El animal sacrificado en la iniciación es un gallo (otra semejanza con los Abakuá), ya que los animales de cuatro patas (chivos, carneros) se sacrifican cuando es la consagración de un Padre o Madre capacitado, algo así como el equivalente del Tata-Nganga y la Yayi.

El Kimbisa jura ante el crucifijo no blasfemar ni maldecir, perdonar a su enemigo, atender a sus hermanos, no traicionar la institución entre otros. Es importante detenerse en específico en uno: perdonar a su enemigo. Este principio es puramente cristiano, en ninguno otro culto de los traídos del Africa lo encontraremos. No es característica usual de los Mayomberos, ni de los Ñáñigos, ni de Osha, el perdón. Al contrario, en Mayombe aplican la máxima de «clavo saca clavo, mayombe tira y mayombe contesta». Esta diferencia es la que independiza a los Kimbisa de los demás.

Otro aspecto importante son los rezos. Las plegarias están dedicadas, sin variación alguna, en primera instancia, a Jesucristo. Ya sea mencionado como el Santo Cristo del Buen Viaje o Jesús Nazareno, pero nunca falta como referencia primera.

Una orientación interesantísima es una amonestación a los Padres Maestros: Bienaventurados los pacificadores porque serán llamados hijos de Dios que abunda en copiosas citas bíblicas y desde su mismo título nos remite al Sermón de la Montaña.

UNA DE LAS CELEBRACIONES más importantes de los Kimbiseros es la Comida de los Muertos, Despedida del Año Viejo y el Advenimiento del Año Nuevo. Allí mientras se les reza, se canta y baila, se coloca una cazuela con comida (arroz con frijoles y carne de puerco) de la que todos van comiendo con la mano a la vez que bailan alrededor. Rito similar de comunión mediante la comida tienen los Abakuá.

De Osha toma los Santos en su carácter sincrético, a través de sus imágenes, y también en la presencia de ellos a través del matari.

No es el propósito deternese en las similitudes con el Palo, ya que por supuesto, los Kimbiseros realizan sus trabajos a partir de los poderes de los palos y hierbas del monte, y tienen su Prenda o Nganga que nunca será judía, sino cristiana.

De la Prenda famosa de Petit conocida como Mamá Lola se cuenta que esta fue heredada por su mejor ahijado.

Someramente hemos mencionado algunos de los aspectos que nos hacen presuponer que el culto Kimbisa no es una rama más del Palo Monte, sino un culto, por su esencia cristiana, independiente.

Pero además, si hiciéramos un estudio más profundo del culto de Palo Monte en sus otras ramas más conocidas, Brillumba y Mayombe, notaríamos la influencia de la Kimbisa de Petit, porque en estas anteriores apreciamos junto a la prenda judía, la cristiana, que no es más que el resultado del sincretismo religioso en el que Andrés Petit jugó un papel determinante.

Mención aparte y muy especial atención merece su Testamento, protocolado cinco días antes de morir, por el notario Don Luis Justo Marín de Guanabacoa (tomo 2, 1878, Nave 1, estante 6). Con este importantísimo documento se abren otras incógnitas, y nos ofrece datos de interés como la dirección de la casa en que habitaba en Guanabacoa, calle de Candelaria, No. 40; afirma ser hijo de padres desconocidos y bautizado en la Parroquia del Santo Cristo del Buen Viaje. Si desconoció al morir a la humilde esclava quizás fuera que en realidad esta únicamente fungiera como tal o no lo supiera…

Dejando a un lado las especulaciones, el testamento comienza con la proclamación de su fe católica como era característico de la época y con las mismas frases utilizadas por el notario en otros testamentos.

La primera parte es la que aparece transcrita en su defunción. En cuanto a las deudas, éstas no son tantas entre lo que él debe y lo que otros le adeudan. No hay una enumeración detallada para ser un inventario legal, de los cuadros al óleo e imágenes que lega al Monasterio de Santa Catalina, y específica que allí tenía algunos depositados de antemano. En este primer acápite del Testamento ofrece los rasgos de su espiritualidad al pedir cuatro velas al Santo Cristo del Buen Viaje, y el féretro sin lujos, ofreciendo un rasgo de humildad, pero el hecho de solicitar que fuera cerrado de inmediato, posibilitaba que cualquier ceremonia funeraria ritual que se realizara no estuviera a la vista de todos. Abakuá al fin, sus ekobios con seguridad le realizaron el llanto, que siempre se les hace al morir a los juramentados, y quizás el gallo de la muerte lo acompañara en su destino final. Otra de las legendarias versiones sobre su muerte es que lo acompañó su Nganga, pero de todas maneras, existían razones muy poderosas para solicitar el cierre de inmediato de su féretro, y que enigma y leyenda vayan juntos de la mano.

Es significativo que su imagen del Santo Cristo del Buen Viaje fuera legada a Don Domingo Sabate para cuando este regresara del extranjero, los motivos no se consignan y los desconocemos.

A su ahijado Francisco Báez le deja la suma de quinientos pesos, y otras pequeñas cantidades a un grupo de personas, indistintamente blancos y negros, «en recompensa de los buenos servicios que le han prestado los agraciados «.

Instituye por su albacea y único heredero a Don Domingo León y Lanouvé, quien se encargaría de repartir los bienes y del funeral.

Esta figura desconocida juega un papel trascendental en el final de sus días, y al parecer era escribano de actuaciones de la misma notaria, ya que es nombrado como tal en otros documentos y escrituras.

Un dato muy curioso es que el testamento no aparece firmado por él porque «…el testador que asegura no escribir haciendo lo de su ruego y designación el testigo Carrió «.

El estudio del testamento evidencia a un hombre religioso, y habría que leer en las entrelíneas cuando dice «con cuantas facultades sean necesarias y las de arreglar judicial o extrajudicialmente su juicio testamentario según le conviniere a Don Domingo León y Lanouvé « lo que muestra que este era un hombre de toda su confianza, ya que esos cultos eran muy mal vistos en la época, considerados aún hasta muy entrado el siglo XX: «cosas de negros».

En cualquier caso, la vida del gran taumaturgo continúa siendo un misterio.